PAS: entre la sinceridad y las indirectas
El reto de comunicarnos siendo PAS
Existen múltiples maneras de decir algo, de expresar un mensaje, tanto si es agradable como si resulta incómodo.
Decir piropos, por ejemplo, no suele costarnos mucho a las PAS. Es bonito poder hacer cumplidos por algo que nos alegra el corazón, palabras que iluminan el rostro de quien las recibe: un vestido que queda bien, un traje, un nuevo corte de pelo, un éxito personal… Alegrarnos de verdad por la otra persona y expresarlo libremente —y no porque creamos que se espera de nosotros— es, en el fondo, un acto de amor incondicional. Esto por un lado.
Pero hay otro lado. Somos PAS y, en muchos de nosotros, vive ese deseo —a veces profunda necesidad— de quedar bien, de halagar. Por un lado, podemos sentirnos influidos por lo que creemos que se espera de nosotros: lo correcto, lo educado. Creemos que tenemos que soltar ese piropo para evitar que nos tachen de algo negativo. El “qué dirán” es, para la mayoría de las PAS, un factor de peso. Y con la autoestima baja, a menudo hacemos cosas que no nos salen tanto del corazón como de la cabeza, solo para ganar puntos.
Quizás te pasa un poco de las dos cosas; lo importante es darte cuenta.
Lo difícil: expresar malestar
La cosa se complica cuando, en lugar de un cumplido, tenemos que comunicar algo que nos molesta.
¿Cómo le dices a alguien que te incomodan los ruidos que hace al comer?
¿O que el trabajo que ha entregado tiene errores?
¿Que estás harto de limpiar la caquita que el perro del vecino deja delante de tu puerta?
¿Que no soportas que te llamen “sentimental y exagerado” cuando no controlas esas lágrimas que se escapan al emocionarte?
¿O cómo le dices a alguien que ya no puedes seguir ayudando porque estás agotado, o que estás harto de ser ninguneado?
Cuando sientes la necesidad de decir “¡basta!”, ¿lo haces de verdad y de buena manera, o empiezas a soltar indirectas?
Confesión personal
Os confieso que soy una experta en indirectas. Y ni siquiera me daba cuenta de lo horribles que son.
Son dañinas para quien las recibe —porque, si también es PAS, enseguida montará una película desde su propia inseguridad y probablemente contestará con más indirectas— y también para quien las lanza. Al no ser honesto, te traicionas a ti mismo y te haces un flaco favor.
Ejemplo práctico
Pensemos en el caso de los ruidos al comer:
- Indirecta: “No entiendo cómo hay gente que puede compartir su vida con alguien que come con la boca abierta y hace tanto ruido… ¿tú lo entiendes?”
- Indirecta disfrazada de historia: “Fíjate, hoy alguien me dijo que se peleó con su marido porque no soporta cómo mastica con la boca abierta. Llevaba tiempo callándoselo y hoy explotó en una gran discusión. Yo le dije que la entendía perfectamente. ¿Tú aguantarías algo así?”
- Directa agresiva: “¡Oye, por qué no comes con la boca cerrada! ¡Es horrible! ¡No aguanto el ruido que haces!”
- Directa honesta: “Cariño, permíteme que te diga algo. Soy muy sensible a los ruidos y, cuando masticas con la boca abierta, me siento incómodo. ¿Me ayudas a disfrutar de la comida juntos?”
¿Notas la diferencia?
En la primera hay manipulación. En la segunda, evasión. En la tercera, ataque. En la cuarta, honestidad y responsabilidad sobre la propia emoción.
El miedo detrás de las indirectas
¿Por qué usamos indirectas?
Muchas veces no es tanto por no herir al otro como por miedo:
- miedo a caer mal,
- miedo a que dejen de querernos,
- miedo a que nos contesten mal,
- miedo al conflicto.
Y sí, esto encaja mucho en las PAS con la autoestima baja.
Lo que ganamos siendo directos
La buena noticia es que se puede aprender a ser directos sin herir, sin culpar. La clave está en hacerte responsable de lo que sientes y expresarlo en primera persona.
La diferencia es grande: pasar de acusar desde la impotencia (¡me haces daño!) y regalar tu poder, a mantener tu poder y expresar lo que te pasa ofreciendo una salida.
Además, hay algo inevitable: con indirectas caerás mal. Con directas también. No podemos gustar a todo el mundo. Es normal, y hasta sano, que no a todos les caigamos bien. Piensa que tú mismo has conocido personas que no te gustan, y no pasa nada.
Límites y honestidad
Sabemos que el tema de los límites es vital para el equilibrio emocional de una PAS. Y es imposible poner límites mediante indirectas, ya que conducen fácilmente a malentendidos y pérdida de credibilidad.
Utilizar frases claras, en primera persona (“no puedo”, “me siento así”, “necesito esto”), evita confusiones. Tú también prefieres un “no” honesto —aunque duela— antes que quedarte esperando algo que nunca llegará.
Ser honesto contigo mismo te permite ser honesto con los demás. Y esa honestidad genera confianza: la gente sabrá que puede creer en ti, en lo que dices y prometes.
Es cierto, si estás acostumbrado a usar indirectas, cambiar a directas cuesta. Lo sé. Pero vale la pena. Vale para ti mismo, para tu entorno y, si tienes hijos, aún más.
¿Cómo conseguir ese cambio?
- Revisa tus mensajes. Estate atento a cómo contestas o compartes información. Pregúntate: ¿es claro o se puede interpretar de varias formas? Ejemplo: “Mañana nos vemos” es ambiguo. “Mañana a las 3, en el sitio X” es claro.
- Aclara tu intención. Antes de hablar, piensa: ¿qué quiero decir? ¿Qué quiero que entienda el otro? Ajusta tu mensaje para que haya concordancia. Incluso puedes verificarlo preguntando: “¿Qué has entendido?”. Recuerda: casi todos los conflictos nacen de un malentendido.
- Recuerda cómo duelen las indirectas. Piensa en mensajes evasivos que tú mismo hayas recibido. ¿Cómo te sentiste? ¿No valorado? ¿No respetado? ¿Manipulado? Este ejercicio de empatía te ayuda a comprender lo dañinas que pueden ser las indirectas, tanto para ti como para el otro.
- Avanza poco a poco. Como cualquier cambio, no lo lograrás de un día para otro. Sé benevolente contigo, suelta el perfeccionismo y colócate en actitud de aprendiz de la vida.
- Entrena con un cuaderno. Anota las indirectas que uses o escuches. Luego, escribe el mismo mensaje en versión directa. Verás cómo poco a poco tu forma de expresarte cambia.
Cambiar de indirectas a directas no es sencillo, pero es un regalo que te haces a ti mismo y a los demás. Cada palabra clara que pronuncias es un paso hacia relaciones más honestas, libres y llenas de confianza.
Artículos relacionados:
- La alta sensibilidad y la agresión pasiva
- Si uno de cada cinco niños es PAS
- PAS, deja de compararte
- Salvador, víctima o acusador, ¿qué papel te es más afín? (Triángulo dramático)
- Altamente Sensible y la necesidad de poner límites
La sensibilidad, lejos de limitarte, te puede proporcionar las alas que te permiten vivir tu vida plenamente.
Si quieres saber todo sobre el rasgo para poder descubrir de que manera se manifiesta en tu ser, si buscas herramientas, ideas y consejos, te recomiendo mi último libro: Personas altamente sensibles.

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.
6 Comments
Leave a Comment
M.JOSE
Karina gracias, si siembre fuésemos honestos en todo momento y en cualquier circunstancia, creo que no habría tanto acoso, moobing, etc, y como decían mi madre: «más vale una vez colorado que ciento amarillo»
Karina Zegers de Beijl
Hola María José, me encanta la frase de tu madre. Un abrazo.
Karina Zegers de Beijl
Hola José, Muchas gracias por tu comentario. Es cierto lo que dices. Creo que, también, mucho depende de la intención pero, como no, de un deseo de ser claro para evitar malos entendidos.
Un abrazo.
Karina Zegers de Beijl
Hola Mercedes, gracias por tu feedback! Sobre todo eso, la claridad 🙂 Un abrazo.
José Molina
Gracias Karina, bajo mi experiencia el responder o comunicarse con indirectas tiene una razón que puede ser como tú bien dices el miedo al conflict o el miedo a herir a la otra persona. Sin embargo a veces cuando la comunicación solo se sea desea hacia una persona pero hay presentes otras es posible lograela en términos que solo el destinatario entienda, claro que eso requiere de un conocimiento entre las partes. Lo importante es la motivación de la comunicación indirecta, cuando es miedo al conflicto o miedo a dañar o salir dañado hay que cotejar si ese miedo es real o inventado y si después del conflicto se puede obtener un escenario mejor para las dos partes o simplemente será peor. Es complejo podré dirimir cuando es beneficio manifestar el conflicto o no, depende de quienes son los actores y cuáles son sus intereses y capacidades comunicativas. Lo importante es encontrar el punto medio en cada una de esas situaciones y proceder de manera consciente de tal manera que la situación mejore para todas las partes.
mercedes garcia ruiz
Gracias Karina por el artículo. Casualmente estoy ahora en un proceso de coach y mi objetivo a trabajar es "Comunicar con más decisión y claridad lo que para mi es importante" .