Pequeños gestos que revelan la sensibilidad de las PAS
Acabo de leer un artículo online que me hizo pensar mucho en cómo somos la mayoría de las Personas Altamente Sensibles. No hablaba de grandes decisiones ni de gestos heroicos, sino de algo casi invisible: recolocar la silla al levantarse de la mesa de un bar o de un restaurante.
Puede parecer una tontería. Un detalle sin importancia. Y, sin embargo, para muchas PAS no lo es en absoluto.
Las PAS solemos fijarnos en lo pequeño. En lo que queda fuera de lugar. En aquello que otros no ven… o no sienten. Cuando nos levantamos y recolocamos la silla, no lo hacemos para quedar bien ni para que alguien nos lo agradezca. Muchas veces lo hacemos casi sin pensarlo, como un gesto natural de cuidado hacia el espacio y hacia las personas que vendrán después.
Empatía cotidiana, de la que no hace ruido
Las PAS tenemos una forma muy concreta de empatía. No siempre se expresa con grandes palabras, sino con actos sencillos y silenciosos. Recolocar la silla es una manera de decir, sin decir nada: “sé que no estoy sola en el mundo”. Es tener en cuenta al personal que trabaja allí, a la siguiente persona que se sentará, al conjunto.
Esa misma sensibilidad aparece en otros gestos cotidianos muy similares: enderezar la cama al salir de una habitación de hotel, no dejar basura en la calle o en la naturaleza —y a veces incluso recoger la que otros han dejado—, saludar con una sonrisa al entrar en una tienda, o agacharte para recoger un artículo que se ha caído al suelo, aunque no sea tuyo.
Son gestos pequeños, casi invisibles. Pero nacen de la misma raíz.
Atención plena… incluso al marcharse
Para irse rápido, basta con levantarse y seguir adelante. Pero detenerse un segundo más, volver la mirada atrás y ordenar un poco lo que dejamos, requiere presencia. Y las PAS solemos vivir con esa atención encendida, incluso cuando estamos cansadas.
No se trata de rigidez ni de obsesión por el orden. Es más bien una forma consciente de relacionarnos con el entorno. Como si cerrar bien una escena nos ayudara también a cerrar algo por dentro.
Respeto por lo común y coherencia interna
Muchas PAS sienten un profundo respeto por lo compartido. Por lo que no es “mío”, pero sí es de todos. Recolocar una silla, dejar una habitación con cuidado, tratar con amabilidad a quien te atiende o cuidar un entorno natural como si fuera propio… son gestos que nacen de una ética interna, no de una norma externa.
No lo hacemos para recibir aprobación. Lo hacemos porque así somos. Porque no nos resulta indiferente el impacto —por pequeño que sea— de nuestra presencia en el mundo.
Cuando nadie aplaude, aparece lo auténtico
Recolocar la silla no hace a nadie mejor persona. Pero sí revela algo muy propio de muchas PAS: una sensibilidad orientada hacia fuera, una atención fina a los detalles y una coherencia entre lo que sentimos y lo que hacemos, incluso cuando no hay testigos.
A veces, el carácter se muestra justo ahí. En esos momentos en los que parece que no está pasando nada… pero, en realidad, está pasando mucho.
¿Te reconoces en estos pequeños gestos, casi invisibles?
¿Forman parte de tu manera natural de estar en el mundo… o a veces los ocultas, incluso con un poco de vergüenza, porque parecen “demasiado” en un entorno que va deprisa?
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Cada recuerdo guarda una enseñanza.
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Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.
Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.
Imagen: Foto de Pablo Merchán Montes en Unsplash