PAS y relación de pareja: cómo cuidar tu espacio y el amor
¿Existe el modelo ideal?
Parece ser que las preguntas vienen en olas, como si circularan por el aire y se fueran captando en distintos lugares a la vez. Y ahora, que San Valentín está cerca, no es extraño que el tema de la pareja, es decir, la relación sentimental, esté en el foco de la atención.
Se presenta bajo preguntas como, por ejemplo:
“Cada equis tiempo necesito estar sola. Mi pareja no tiene esa necesidad y esto provoca tensión. ¿Os suena?”
“¿Es mejor para un PAS tener una relación en la cual cada uno mantiene su propia casa?”
“¿Qué tipo de relación le conviene más a la persona altamente sensible: con otro PAS o con un no-PAS?”
“Me cuesta muchísimo vivir en pareja, y a veces pienso que las personas altamente sensibles no hemos nacido para tener relaciones estables. ¿Soy la única que piensa así?”
Las relaciones como camino de aprendizaje
El ser humano es un ser social, y la persona altamente sensible lo es especialmente. Es en gran parte gracias a las relaciones con otras personas que su sensibilidad puede transformarse de algo que a menudo se percibe como un lastre, en una cualidad positiva, en un don.
Esto, sin embargo, no significa que relacionarse sea fácil.
Es a través de quienes encontramos en nuestro camino que vamos descubriendo quiénes somos, cómo funcionamos, qué necesitamos, qué nos hace sentir bien y qué nos cuesta.
Al inicio, todos buscamos personas que nos hacen sentir bien. Nos identificamos con ellas y, a través de esa identificación, sentimos que valemos. En esa búsqueda solemos ignorar, o no querer ver, aquellas facetas del otro con las que no nos identificamos.
Pero cuando una relación perdura en el tiempo, esos aspectos menos agradables terminan por hacerse visibles.
La fase del enamoramiento
Cuando nos enamoramos, lo hacemos porque vemos toda esa gama de facetas con las que nos identificamos. Nos sentimos felices, como “en casa”. No es por nada que se usa la imagen de la media naranja.
Como persona altamente sensible, te entregas con cuerpo y alma, y la identificación es tan intensa que te fundes con tu pareja. En esta fase poco importa si la otra persona es PAS o no.
Sin embargo, con el tiempo aparecen las diferencias. Puede que la otra persona sea muy dinámica y necesite más marcha que tú, algo que al principio no te pesaba porque la adrenalina del enamoramiento te sostenía.
O puede que tu pareja se haya acostumbrado a tu entrega incondicional y espere que siempre estés disponible, incluso cuando estás cansado, necesitas soledad o quieres compartir con tus amigos.
Estos momentos, cuando las diferencias salen a la luz, suelen ser los que despiertan las dudas: ¿qué tipo de relación es la adecuada para un PAS?, ¿funcionará vivir juntos?, ¿debo estar con alguien como yo o con alguien diferente?
Las necesidades de la persona altamente sensible
Para sentirse bien, el PAS necesita cumplir ciertas condiciones que le permiten funcionar desde su centro, en equilibrio, evitando la sobreestimulación y el estrés.
Algunas de esas necesidades básicas son:
Dormir al menos ocho horas.
Disponer de tiempo y espacio en soledad.
Mantener ritmos que den estructura al día a día.
Contar con momentos para “alimentar el alma”: estar en la naturaleza, practicar arte o cualquier actividad que le conecte con lo profundo.
Mientras pueda satisfacer estos requisitos, en el fondo da igual si su pareja es PAS o no, o si viven juntos o separados.
La tensión aparece cuando falta la capacidad de reconocer y mantener los límites personales. Y esa tensión se agrava si no existe una buena comunicación ni respeto mutuo hacia las necesidades de cada uno.
No hay un modelo único de relación
Cada relación es única porque cada persona lo es. No hay reglas universales que digan que un PAS está mejor con otro PAS o con alguien con menor sensibilidad.
Somos mucho más que nuestro rasgo. Aparte de estas necesidades básicas, cada uno tiene también sus propias necesidades individuales.
Lo que sí es común es que las relaciones son para aprender y crecer. No siempre se puede estar bien y a gusto. De hecho, son justamente los momentos difíciles los que más nos hacen evolucionar como personas y como pareja.
Respeto, comunicación y autoconocimiento
No existen recetas universales para la relación sentimental de una persona altamente sensible.
Algunos PAS se sentirán mejor con otra persona sensible; otros estarán más a gusto con alguien diferente. Personalmente, he “probado” ambas posibilidades y hoy comparto mi vida con un PAS con chispa, ya que es Leo.
Lo que sí puedo decir con certeza es que no hay relación posible sin autoconocimiento, comunicación y respeto mutuo.
El PAS debe aprender a conocer y vigilar sus límites, a expresarlos con calma y claridad. Y debe cultivar un profundo respeto hacia sí mismo, porque solo él sabe qué necesita en cada momento.
No podemos pretender que el otro adivine lo que sentimos o lo que nos conviene. Cada uno ve el mundo desde su propia óptica, y muchas veces interpretamos a los demás no como son, sino como somos nosotros.
Por eso, si eres PAS, comprenderás la importancia de explicar cómo vives tu mundo sensible.
Recuerda: una relación sana empieza por el respeto hacia ti mismo. Cuando sabes cuidar tus necesidades y expresarlas con amor, no solo te fortaleces tú, también fortaleces el vínculo con tu pareja.
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Imagen: Scott Broome