PAS y No-PAS: cómo convivir sin perder la energía
A raíz de una pregunta que me envió Inma P., hoy quiero compartir algunas reflexiones sobre algo que todas las personas altamente sensibles (PAS) vivimos en mayor o menor medida: la interacción con personas no altamente sensibles.
Dado que las PAS representamos aproximadamente un 20 % de la población, está claro que la mayoría de las personas que nos rodean perciben y procesan el mundo de una manera muy distinta. El contacto con ellas es inevitable, y, como dice Inma, “todo esto me resta energía”.
Y sí, tiene razón: puede desgastar… si no aprendemos a comprender y gestionar esas diferencias.
“Nosotros” y “los otros”
Cuando notamos que no somos entendidos, que los demás van demasiado rápido, o que no captan lo que para nosotros es tan evidente, es fácil caer en la trampa del “nosotros y los otros”.
Y desde allí, empezar a emitir juicios:
“Son superficiales”
“No tienen valores”
“No entienden lo que es realmente importante”
Podéis estar tranquilos: es una reacción humana y lógica. Es lo primero que sentimos cuando nos duele la desconexión.
Pero si nos quedamos ahí, el juicio nos separa, nos encierra. Suben la irritación, la intolerancia, incluso la intransigencia… y ese es el conflicto interior que nos roba energía.
La mente se estanca en los juicios, mientras que el corazón —nuestro corazón sensible— anhela paz, armonía y amor incondicional.
Nadie es mejor, nadie es peor
El primer paso es no caer en la trampa de las generalizaciones.
Nadie es mejor ni peor.
La única diferencia es que unos percibimos más estímulos, más matices, más profundidad. Somos más sensibles, más receptivos, más permeables al mundo.
Nada más. Nada menos.
Todos compartimos este mismo espacio llamado Tierra. Todos formamos parte de una misma humanidad. Nos necesitamos mutuamente.
Como dice Elaine Aron en su libro El don de la alta sensibilidad, el rey necesita soldados y consejeros.
Las personas altamente sensibles hemos sido los consejeros, los artistas, los mediadores, los educadores, los cuidadores del alma humana. Y las personas menos sensibles —con su energía práctica, su resistencia y su capacidad de acción— sostienen muchas otras partes esenciales de la vida.
Ambos tipos somos necesarios. No se trata de exigir que ellos sean más sensibles, ni de que ellos nos pidan ser menos. La clave está en aceptar la diferencia y aprender a convivir desde el respeto.
Todos estamos en movimiento
Cuando pienso en este tema, me viene a la mente la imagen de un gran atasco que poco a poco empieza a moverse.
Los coches de delante avanzan con cierta velocidad; los de detrás van un poco más despacio, y algunos aún están parados esperando su turno.
Así es también la evolución humana: cada persona está en su punto de aprendizaje, en su tramo del camino. Nadie está “mejor” ni “peor”, solo más adelante o más atrás en su propio proceso.
Mirar al otro desde esta perspectiva —la del alma que está aprendiendo, igual que tú— cambia la manera en que sentimos la irritación o la incomprensión. Nos hace más compasivos y menos reactivos.
Cuidar tus límites y tu energía
Sentirte invadido, molesto o agotado es algo totalmente válido y merece respeto.
Lo que sientes es real. Es tu realidad.
Por eso, establecer tus límites es esencial. Si no puedes, no puedes. Si no llegas, no llegas.
A veces la sabiduría consiste justamente en reconocerlo y respetar ese límite antes de enfermar o colapsar.
Otras veces, la solución pasa por elegir la vía de la aceptación consciente. Cuando entendemos lo que está ocurriendo, es más fácil aceptar.
Y la aceptación no significa rendirse, sino actuar desde la empatía y el amor, sin perder tus valores ni tu equilibrio interior.
Recuerda: como PAS tienes una gran capacidad para comprender y conectar, pero esa capacidad solo florece cuando tú mismo estás bien.
Cuando estás descansado, cuando respetas tus espacios de recarga y cuidas tu cuerpo y tu alma, puedes ser mucho más tolerante y compasivo.
En resumen
Conviene recordar tres cosas sencillas:
- No te juzgues por sentirte diferente.
Tu sensibilidad no es una debilidad, es una forma de percibir el mundo más profundamente. - Cuida tus límites.
La empatía sin límites lleva al agotamiento. Aprende a decir “hasta aquí” sin sentir culpa. - Practica la comprensión.
Cada persona está en su punto del camino. Desde esa mirada, la irritación se convierte en respeto.
Para terminar…
Como personas altamente sensibles, somos puentes entre mundos: el visible y el invisible, el lógico y el emocional.
Si aprendemos a relacionarnos con los demás desde esa consciencia —sin juicios, sin exigencias, desde la comprensión y el autocuidado—, no solo conservamos nuestra energía: la convertimos en luz que también puede iluminar a los demás.
Artículos relacionados
Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.
Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.
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Karina Zegers de Beijl
Hola, gracias por tu comentario. Lo siento, no, no conozco a nadie más en toda España. ¿Qué te impide formar un grupito tu mism@? Otra posibilidad es: si puedes disponer de un espacio gratis y si conoces a gente que venga (mínimo 8), podría ir yo. También lo puedo anunciar en la web, facebook, newsletter, etc.
Por cierto, no es domingo pero martes… que me imagino que te resulta más difícil todavía.
Un abrazo,
Karina
Anónimo
conoces a alguien tan comprometido y con tantos conocimientos como tu en Donsotia (San Sebastián) o alguna ciudad cercana, es que Madrid aunque tengo familia alli, pilla lejisimos y sobretodo siendo en domingo por la tarde.
Un saludo y gracias de antemano.