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PAS y los insultos: cómo proteger tu sensibilidad

La sensibilidad frente a la grosería

Este mes me gustaría volver al tema de los insultos, los malos modales y la falta de respeto, y cómo esto puede afectar a la persona altamente sensible.

Sé por los correos que me llegan y los comentarios que aparecen en Facebook que los PAS tienen la tendencia a hundirse, desmoralizarse o incluso bloquearse frente a este tipo de comportamiento.

Yo misma recuerdo cómo, hasta hace unos años, me ponía literalmente enferma —con ganas de vomitar— si alguien me enseñaba su dedo del medio, como diciéndome: “Jódete”. Me sentía invadida y sucia, y no entendía cómo alguien podía ser tan grosero, insensible y rudo.

Gracias a Dios, hoy ya no me afecta de la misma manera. He ganado la capacidad de encoger los hombros o, directamente, de no darle importancia.

Dos aprendizajes clave

He llegado a comprender dos cosas importantes.

La primera: he aprendido que mi reacción tiene que ver conmigo misma. Una persona solo puede insultarme si yo me doy por aludida. De acuerdo, su intención es ofender, pero yo no puedo responsabilizarme de su mal comportamiento, de su falta de educación ni de su insensibilidad. Todo eso es suyo, no mío.

La segunda: como PAS soy más sensible a la intención detrás del gesto que alguien con menos sensibilidad. Una persona “normal” percibe únicamente el gesto, mientras que un PAS recibe una doble carga: gesto e intención.

Juicios disfrazados de verdades

A veces nos llaman “débiles” o “susceptibles” y enseguida nos sentimos atacados, pequeños y profundamente mal.

Pero conviene recordar que débil y susceptible son juicios. La persona que lo dice, lo hace desde su óptica personal. En realidad está diciendo: “Eres más débil que yo”. Es su pensamiento, no una verdad absoluta.

Además, nadie puede decir que “eres” débil. Como mucho, puede opinar que “pareces” débil en un momento concreto. Una cosa es el comportamiento y otra la identidad. Y nadie “es” su comportamiento.

¿Débil o sensible?

Sí, hay personas que opinan que los PAS son débiles. Es un hecho. Pero la realidad es que la gran mayoría de los PAS no son débiles en el sentido general de la palabra, sino simplemente… sensibles.

Y hay mucha diferencia entre ser débil y ser sensible. La sensibilidad no es un defecto, es un rasgo. Aun así, incluso conociendo esto, los insultos y malos gestos pueden doler.

Entonces, ¿qué sucede en nuestro interior?

 

Los insultos, ¿por qué duelen?

  • Viejas creencias: puede que un reproche actual resuene con algo que te decían de pequeño. Si te llaman “débil”, y eso lo escuchaste en tu infancia, puede despertar ese recuerdo y hacerte sentir mal.
  • Autoestima baja: si dudas de tu propio valor, el insulto lo tomas como confirmación: “¿Ves?, no valgo. Ellos también lo ven”.
  • Sensación de no encajar: querer pertenecer a un grupo y sentir que no das la talla puede llevar a compararte y a sufrir. Cuando te centras en lo que te diferencia, olvidas lo mucho que también compartes con los demás.
  • Tomarse todo demasiado en serio: a veces un simple comentario en broma se percibe como un juicio definitivo. El PAS tiende a tomar las palabras muy a pecho.

 

De mí depende sentirme insultado

En última instancia, de mí depende sentirme insultado, ofendido o criticado.

Y sí, a veces un comentario, aunque mal expresado, puede contener algo cierto sobre nuestro comportamiento. En ese caso, lo más sano es investigar. Se puede incluso preguntar a la otra persona: “¿Puedes explicarme mejor a qué te refieres?” Quizás hay algo que conviene ajustar.

Pero cuando el comentario no es correcto, vale la pena explorar por qué nos dolió. ¿Qué tocó en nosotros? ¿Qué creencia o herida reactivó?

 

Recuperar el poder interior

Si tenemos en cuenta todo esto y trabajamos con esos puntos cuando nos sentimos insultados, heridos o invadidos, poco a poco llegamos a entender mejor por qué reaccionamos como reaccionamos.

Y os aseguro algo: cuando logramos reconocerlo y gestionarlo, el mal gesto ajeno empieza a perder poder sobre nosotros.

Recuerda: tu sensibilidad no es debilidad. Tu sensibilidad es tu fortaleza, y cuanto más aprendas a sostenerla, menos daño podrán hacerte las palabras ajenas.

 

De la comprensión a la práctica

Saber que los insultos duelen por nuestras propias heridas y creencias es un primer paso. Pero lo verdaderamente transformador ocurre cuando empezamos a practicar nuevas respuestas y a relacionarnos de otra manera con lo que escuchamos. No se trata de volverse de piedra ni de fingir que no pasa nada, sino de cultivar recursos internos que nos devuelvan la calma y la fuerza.

Ejercicios para fortalecer tu respuesta frente a insultos

  • Respira antes de reaccionar: si notas que un insulto te remueve, haz una pausa. Respira profundamente y da espacio a tu emoción antes de responder o retirarte.
  • Revisa qué toca en ti: pregúntate si el insulto resuena con algo del pasado, con una vieja creencia, o si simplemente refleja el mal momento del otro.
  • Cambia la narrativa: escribe el insulto en un papel y luego anota tres frases alternativas que expresen tu verdad. Ejemplo: “Eres débil”“Soy sensible y eso me da fuerza”.
  • Protección simbólica: visualiza que te rodea una esfera de luz que filtra las palabras ajenas. Solo dejas pasar lo que es constructivo para ti.
  • Busca apoyo consciente: comparte tus experiencias con alguien que te escuche sin juicio; a veces, hablar en voz alta desactiva gran parte del peso emocional.
  • Celebra tus avances: cada vez que un insulto ya no te derrumba como antes, reconócelo como un logro. Tu sensibilidad se está transformando en fortaleza.

Los insultos son flechas que solo duelen cuando encuentran un lugar donde clavarse. Cada vez que reconoces tu valor y abrazas tu sensibilidad, esas flechas pierden fuerza y caen al suelo.

Recuerda: no eres lo que otros dicen de ti. Eres mucho más: un ser sensible, valioso y capaz de transformar cada herida en sabiduría y luz.

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Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

4 Comments

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  1. De Alicante
    Reply

    Yo en estos casos es algo más que sentirme ofendido y humillado, es además ponerme a la defensiva contra el otro que me hirió mis sentimientos tomándome hasta incluso la revancha contra él y así conseguir como pueda que la próxima vez no se vuelva a meter más conmigo por la cuenta que le trae, que el miedo puede hacer que las otras personas agresoras cedan ante mis pretensiones y exigencias de tenerme mucho más respeto de manera forzada, aunque así no llegue a ser respeto sino miedo que tenga la misma forma o sensación ese temor me resulta muy importante y muy reconfortante tanto como el respeto en sí.

    1. Karina Zegers de Beijl
      Reply

      Gracias por tu feedback.

  2. Erika milagros
    Reply

    eriquita22.w@gmail.com déjame decirte k siento miedo cólera fastidio siento como si me voy a morir así siento tus palabras k escribiste fue muy importante para mi Gracias

  3. Anónimo
    Reply

    Interesantes reflexiones, yo también he pensado mucho sobre lo de la sensibilidad.

    Yo no veo el ser sensible como algo bueno, pese a que mucha gente me quiere hacer creer cínicamente que lo es. Ser sensible/susceptible es ser débil, es ser frágil, es ser delicado, es ser de cristal, es que te moleste absolutamente todo, y eso no es una virtud, es un defecto.

    Yo estoy cansado de que me lo digan (además sin que yo les pida opinión) y la gente me lo dice como que tengo un problema, me quieren decir que si me ofendo no es culpa de ellos por haber sido irrespetuosos sino mía por ser sensible, te hacen quedar como el "malo", la culpa de sentirte mal es exclusivamente tuya, no de ellos. En cambio, si tú a ellos les haces sentir mal, ellos no son sensibles sino que es culpa tuya es haberles ofendido.

    Vivimos en un mundo en el que no puedes molestarte por nada sin que te etiqueten como sensible.

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