Blog

PAS y la necesidad de límites

Marcar tu espacio y mantenerlo, decir «no» cuando quieres decir «no» o simplemente cuando lo necesitas, apagar el móvil o, por lo menos, el sonido, parar los pies cuando sientes que alguien está invadiendo tu espacio hasta agredirte, aunque sea «solo» verbalmente… poner límites de este tipo sin sentirte culpable son algunos de los temas que suelen costar bastante a la persona altamente sensible (PAS).
Si eres PAS y lees esto, es posible que entiendas perfectamente lo que estoy diciendo, ya que la mayoría de nosotros suele manejar un vocabulario en el que la palabra «no» simplemente no aparece. Esto es una pena porque es una de las palabras, con sus muchas variantes, que más nos hacen falta

 

Tu espacio

Seguramente sabes que una de las típicas características de nuestro bello rasgo es el riesgo de saturarnos. La saturación es la consecuencia del hecho de que tenemos el sistema neurosensorial muy, digamos, desarrollado, lo que hace que nuestros sentidos siempre y continuamente reciban mucha más información que la que reciben los sentidos de una no-PAS. Comprenderás que, donde una no-PAS puede aguantar mucho tiempo en, por poner un ejemplo, un centro comercial a la hora punta, la PAS no tardará mucho en sentirse mal o por lo menos agobiada por ese bombardeo de información que sus sentidos van recibiendo. Si una persona recibe más información de la que puede gestionar, su cerebro se satura. Para sanar la saturación mental y emocional se requiere minimizar o cortar el flujo de información sensorial o, dicho con otras palabras, retirarse del ajetreo, buscar un sitio tranquilo hasta incluso, en algunos casos, necesitar una habitación oscura en la que reine el silencio. Cuanto mejor sepas escuchar las señales de tu cuerpo y cuanto antes sepas cortar con el bombardeo sensorial (poner un límite) menos tiempo necesitarás para “recomponerte”. Querer pasar por fuerte y duro, sin embargo, puede llevarte a, por ejemplo, un ataque de ansiedad o de hiperventilación.

 

Disponibilidad completa

Una de las características positivas de nuestro rasgo es la disponibilidad y el deseo a ayudar, de echar un cable donde haga falta. Y como todo lo positivo, lo luminoso, tiene su lado conflictivo o su sombra, aquí nos puede pasar que, por no (saber) poner límites, carezcamos de esos límites y que siempre estemos disponibles y listos para contestar, responder, comentar, acudir, aconsejar… Estar disponible 24 horas al día simplemente no es una buena idea ya que, si siempre estamos con las antenas hacia fuera y esperando el momento en que nos llegue una señal de quien sea, nunca podemos descansar, nunca estamos con «nosotros mismos» y nunca llegamos a conectar con nuestro ser interior. Es imposible. Para muchos, el móvil ha llegado a ser el centro de nuestra existencia: un instrumento que nos domina, del que dependemos. Si alguna vez has perdido tu móvil, ¿te acuerdas cómo te sentías?

Mientras que el móvil (y las otras pantallas) parece ser un salvador que te aporta la falsa sensación de no estar solo y de tener amigos, en realidad es un saboteador que te roba tiempo valioso presentándote un mundo virtual, y que todavía te hace más vulnerable a una demanda desbordada del «exterior». Conviene poner límites, la verdad. Apagarlo por la noche es un primer paso (encima te ahorras estar expuesta a la radiación electromagnética), luego podrías pensar en apagarlo o silenciarlo en determinados momentos del día (comidas, cuando estás trabajando, mientras estás con otra gente, etcétera). Puedes eliminar «amigos», puedes borrarte de chats y de grupos de whatsapp diciendo -si quieres- que te tomas una pausa por saturación. No tengas miedo a que te dejen de querer: si te quieren, te comprenderán y te seguirán queriendo, y a los otros, a esos que no te quieren, no les importará.

Puede ser una buena idea apuntar el tiempo que pierdes en la participación on-line; tomar consciencia te ayudará a establecer límites y de volver a dedicarte el tiempo a ti mismo o a tu familia.

 

Límites en relaciones personales, abuso y maltrato

Si te ha pasado que te sientes víctima de un trato que te duele, que te hace daño ha llegado el momento de levantarte y poner límites. En otra ocasión he escrito sobre banderas rojas en una relación, y no me quiero repetir, pero si eres una PAS -como muchas- que tiene esa tendencia a dar, dar y dar, y si en ti vive la expectativa de que el mundo te debe devolver esa ayuda en el momento en que necesitas asistencia, te digo que te equivocas (perdona que lo diga tan claro). Si das es porque quieres dar, porque das desde la libertad. No para luego poder reclamar lo «regalado». El mundo no te debe nada. Nada. Si te llegas a sentir víctima probablemente es porque has esperado algo a cambio. Ojo, hablo de relaciones entre adultos. Es más que probable que no seas víctima, sino que hayas dejado de poner/establecer límites. Antes de prestar ayuda, pregúntate si lo haces de manera «limpia», simplemente porque te sientes llamado a ayudar y sin esperar nada a cambio. Eres libre. Decir «no puedo» o «ahora no me va bien» son maneras de poner límites, ser claro y tomar responsabilidad de tus actos. ¿Tienes miedo al «qué dirán«? Tranquilo: la mayoría de la gente siempre tendrá algo que opinar sobre lo que haces o dices. Ten claro que es imposible gustar a todo el mundo; a ti tampoco te cae todo el mundo igual de bien.

El tema se torna aún más serio si te pasa que, como consecuencia de no haber marcado tus límites y por el hecho de dar, dar y dar, aparecen personas que abusan de ti, que te utilizan, te pisan y te insultan. Ahí el límite todavía tiene que ser mucho más tajante. Si no lo consigues, pide ayuda, y no a alguien que crees que te debe un favor. Hay instancias y profesionales especializados en este tema. Atención a los chantajes emocionales; si aparecen con cierta regularidad significa que algo no va bien.

 

Poner límites es necesario para:

  • alimentar la autoestima
  • ganar respeto
  • manejar los niveles de estrés y no agotarse/saturarse
  • poder ayudar de una manera más efectiva y desde la libertad
  • mantener un sano equilibrio entre quién eres y lo que el mundo necesita de ti
  • sentirte responsable y dueño de tu vida
  • honrar tu Yo
  • evitar convertirte en un ser sin voluntad propia, manejado por una malsana demanda o exigencia ajena
  • observar todas las reglas del autocuidado
  • poder disfrutar al máximo del rasgo de la alta sensibilidad

 

La gran importancia de la salud mental y física es indudable. Antes de caer enfermo, antes de llegar a quemarte, puede ser una muy buena idea de aplicar las reglas del autocuidado. El rasgo de la alta sensibilidad es algo neutro, no es ni bueno ni malo, pero es lo que nosotros sabemos hacer con él. Si conseguimos valorarnos y respetarnos con nuestras necesidades, haremos del rasgo nuestro gran aliado.

Artículos relacionados:

 

La sensibilidad, lejos de limitarte, te puede proporcionar las alas que te permiten vivir tu vida plenamente.

Si quieres saber todo sobre el rasgo para poder descubrir de que manera se manifiesta en tu ser, si buscas herramientas, ideas y consejos, te recomiendo mi libro, Personas altamente sensibles, con una recomendación de la Dra. Elaine Aron. En este momento ya está en su 11a edión.

echa un vistazo al contenido

comprar

 

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

Leave a Reply

Your email address will not be published.