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PAS y el rechazo: cuando un “no” puede ser un regalo

El otro día tuve una conversación sobre un tema que nos toca a muchos de nosotros, los PAS: la baja autoestima. En algún momento surgió una palabra que casi todos conocemos demasiado bien: rechazo.
¿Verdad que sabes a qué me refiero?

 

El eco del rechazo en nuestra historia

El sentimiento del rechazo suele acompañarnos desde la infancia.
A veces fueron nuestros padres quienes nos criticaron, o incluso nos abandonaron emocionalmente. En el colegio, algún amigo nos dejó de lado o prefirió jugar con otro. Más tarde, en la adolescencia, llegó la primera ruptura amorosa.
Son momentos que dejan huella.

Y, ya de adultos, el rechazo no desaparece: no conseguimos ese trabajo que deseábamos, una propuesta es rechazada, un proyecto no prospera, alguien se ríe de nuestros sueños… o simplemente las puertas del metro se cierran justo delante de nosotros.
Parece una tontería, pero todas estas pequeñas situaciones se van sumando y, para una persona altamente sensible, pueden sentirse como una cadena de heridas.

 

El rechazo forma parte de la vida

Podemos preguntarnos: ¿habrá un momento en que esto acabe?
La respuesta, aunque no guste, es no. El rechazo forma parte de la vida. Todos, PAS o no, lo vivimos.
Somos millones de seres humanos, cada uno con su historia, su mirada, su forma de elegir. Cada vez que alguien toma un camino que no nos incluye, lo interpretamos como una exclusión personal… y entonces duele.
Duele porque necesitamos sentirnos aceptados y queridos, y cuando eso falta, algo en nosotros tiembla.

De herida a aprendizaje

Recuerdo mi primer amor. Después de un año, me dejó. Yo estaba destrozada. Estaba convencida de que habíamos nacido el uno para el otro.
Muchos años después, comprendí que, en realidad, aquel chico me había hecho un favor. Fue honesto conmigo y me liberó para poder crecer.
Hoy puedo darle las gracias: su “no” me permitió seguir mi propio camino.
Aquello que en su día llamé rechazo, ahora lo veo como un regalo disfrazado de dolor.

 

El “no” del otro no tiene que ver contigo

He llegado a entender que un “no” nunca es personal.
Cuando alguien se aleja o decide otra cosa, lo hace porque busca algo que necesita y que no puede recibir de ti. No porque tú no seas suficiente, sino porque lo que esa persona necesita está en otra parte.

Y viceversa: cuando tú dices “no”, tampoco estás rechazando al otro como persona, sino reconociendo que necesitas algo distinto para seguir creciendo.
Si logramos ver cada rechazo como una oportunidad —como una puerta que se abre hacia algo nuevo—, dejamos de gastar energía intentando retener, convencer o controlar. En su lugar, empezamos a fluir.

 

Del rechazo a la comprensión

A veces el dolor del rechazo es tan profundo que nos cuesta ver la enseñanza que esconde.
Pero, si te paras a mirar despacio, con suavidad, verás que cada “no” recibido te ha acercado un poco más a ti mismo.
Te ha obligado a revisar tus expectativas, a soltar lo que no te pertenece y a fortalecer tu amor propio.
En realidad, el rechazo es una de las formas más sutiles de crecimiento. Nos empuja —aunque a veces duela— a dejar de buscar fuera la validación que solo puede nacer dentro.

 

Ejercicio: transformar el rechazo en autoaceptación

Te propongo una práctica sencilla, pero muy poderosa, para los próximos días:

  1. Recuerda un rechazo reciente.
    Puede ser algo pequeño o importante. Visualiza la situación con calma, sin juzgarte.
  2. Anota lo que sentiste.
    ¿Dolor, enfado, vergüenza, tristeza, impotencia? Ponle nombre a la emoción.
  3. Pregúntate:
    • ¿Qué parte de este rechazo tiene que ver conmigo y cuál pertenece al otro?
    • ¿Qué necesidad mía salió a la luz gracias a este “no”?
    • ¿Qué puedo aprender de esta situación?
  4. Respira y agradece.
    Imagina que el rechazo fue una puerta que se cerró con delicadeza para que otra —más alineada contigo— pueda abrirse.
  5. Termina con una afirmación suave:
    “Me acepto tal como soy. Cada no me acerca un poco más a lo que sí está destinado para mí.”

Hazlo cada vez que te sientas dolido o confundido. Verás cómo, poco a poco, tu mirada se suaviza y el peso del rechazo disminuye.

 

El talento de mantenerse abierto

Queridos amigos y amigas PAS, el rechazo es inevitable, pero no tiene por qué ser destructivo.
Cuando aprendes a quererte, a respetarte y a aceptar que no todos los caminos se cruzan para siempre, descubres una profunda libertad interior.
Desde esa serenidad puedes volver a abrirte al mundo sin miedo, sin dureza, sin coraza.

Y recuerda siempre las palabras del Dalai Lama:

“Solo las personas que nos crean problemas nos proporcionan verdaderamente la ocasión de practicar la tolerancia y la paciencia.”

Quizás, en el fondo, cada “no” que recibimos no sea más que un maestro disfrazado, mostrándonos el camino hacia una versión más luminosa, más libre y más auténtica de nosotros mismos.

 

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Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

 

Foto de Austin Kehmeier en Unsplash

8 Comments

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  1. Flor
    Reply

    Y cuando el rechazo viene del PAS… ¿Qué hacer?

    1. Karina Zegers de Beijl
      Reply

      Hola,
      Pues, no sé. Hablar con la persona? Aceptar el rechazo? A lo mejor le produces demasiados estímulos y se siente abrumada. Pueden ser mil motivos… Un saludo.

  2. Karina Zegers de Beijl
    Reply

    Hola Artabria, completamente de acuerdo contigo. Relación es un verbo; no es una estampa romántica, y la media naranja no existe. Es gracias a la pareja (o amigos, o familia, o colegas) que podemos llegar a conocernos, trabajarnos y crecer… ¡Feliz año!

  3. Artabria2016
    Reply

    Yo creo que cuando la vida te da limones haz limonada, vivir en el rencor, victimísmo o menospreciarse por no encajar no lleva a ningún lado. ¿Cómo le vamos a gustar a todo el mundo? Desmontemos esa película que tenemos en la cabeza de un mundo ideal con parejas ideales, amigos ideales y familiares ideales. Somos lo que somos, ni bueno ni malo ni mejor ni peor, somos únicos e irrepetibles.
    Si nos rechazan pues borrón y cuenta nueva, dando oportunidad a otras nuevas personas que nos están esperando. El mundo está lleno de sorpresas, cada cual más emocionante y sorprendente.
    El romanticismo está muy bien pero no deja de ser una fantasía, hay que vivir con los pies sobre la tierra y aceptar los acontecimientos tal como vienen, luchar contra ellos solo trae desdicha.
    Soy PAS sufro mucho por ello pero también disfruto mucho cuando la vida me compensa.¡¡Ánimo a los rechazados y felíz 2016!!!

  4. Anónimo
    Reply

    Un rechazo amoroso, cuando tu amas con lealtad y estás coprometido a dar tu cariño y todo lo bueno que tienes a tu pareja, nunca puede pintarse con los colores de un regalo.

    Porque ese rechazo es la desvalorización de todo lo que tu eres y das, el menosprecio a un sentir sincero que significa que serías capaz de ir al fin del mundo por esa persona a la que amas, y que ahora tira a tus pies el cariño que sientes por ell, porque a su modo de ver no vale lo suficiente, aunque tu sabes que es lo más preciado que atesoras en ti y que lo ofreces como tu bien más esencial.

    Y cuando esta circunstancia se da tras haber tu mostrado delicadezas, como subir a una montaña por agrestes riscos y traerle un ramo de escogidas flores silvestres que nadie mas le habria llevado, o unas moras recogidas en la montaña y envueltas en una cesta de helechos que tu mismo hiciste y tejiste mientras bajabas del bosque al pueblo con cuidado para no dañarlas durante el trayecto… Entonces sientes que tu cariño es arrastrado por el fango, no sirve, no lo aceptan ni lo valoran aun sabiendo tu que nada mas puro puedes dar.

    No, el rechazo para una persona altamente sensible no puede jamás ser un regalo, mas antes sera el mayor de los daños infligidos. Ser demasiado sensible puede ser una bendición si el entorno en el que estás es propicio, pero si te mueves entre gentes que no ven más allá de sus narices la excesiva sensibilidad torna su potencial vivificante en acerado zarzal que zahiere tu alma dejándola desollada y sangrando lagrimas hasta formar una laguna lóbrega y silenciosa.

  5. Anónimo
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    La verdad es que me parece un poco agarrado por los pelos lo de considerar el rechazo al otro como "un regalo". Claro, podemos llamar a las cosas como queramos, si con eso nos sentimos mejor, pero llamar blanco a lo negro, aunque nos haga sentir mejor, no hace que lo blanco se convierta en negro. ¿No será una forma de no enfrentar un problema?..es mucho mas facil cambiar el nombre de algo en lugar de afrontar el límite que realmente supone, y asumir la responsabilidad de desarrollarse en la dirección correcta..poner un límite a los demas siempre implica algun tipo de sufrimiento. Intentar evitarlo, es como intentar que las mariposas de seda no sufran al salir del capullo cuando empujan con sus alas…si se les evita dicho sufrimiento, las mariposas no son capaces de volar y mueren. Si evitamos el sufrimiento buscando nombres "bonitos", estamos dejando de volar, aunque nos parezca que vivimos en un mundo mas color de rosa…

  6. Karina Zegers de Beijl
    Reply

    Meine Liebe Esther, tenerlo como objetivo, como algo a lo que aspirar… creo que esto es un buen principio. Igual ni se trata de llegar, sino de (man)tener la conciencia. Ya sabes, ¿lo del camino que se hace al andar? Besote.

  7. Viestal
    Reply

    Querida Karina: la parte del comentario del Dalia Lama es el hueso más duro de roer. Se sabe que el bueno hombre tiene razón pero aplicar esa mirada … es, ciertamente, muy, muy dificil. Gracias por tan interesantes aportes. – Esther

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