PAS: deja de compararte
“Aquél aguanta más qué yo”. “A mis hermanas les gusta salir y a mi no”. “Mi novia quiere ir a comprar el sábado por la tarde y yo me agobio”. “En el trabajo nadie quiere recoger mientras que a mí no me importa”. “En redes, cuando una ‘amiga’ publica algo y nadie reacciona, me siento llamado de ponerle un like”. “Todos son más rápidos, el único lento soy yo”. “Mira a Xisco, mira como sabe defenderse”. Así puedo seguir y me imagino que tú, lector, también.
Compararte con otros es algo que hacemos de manera automática y, en el fondo, es una herramienta que sirve para conocernos mejor. También puede servir como un incentivo para hacer cambios en tu forma de ser que te ayudarán ser mejor persona siempre y cuando sean comparaciones justas. Digamos pues, que en el fondo es una faceta útil del comportamiento. Pero no siempre es positivo.
La cosa cambia cuando, como PAS, caes en una comparación injusta que se basa en compararte con alguien no-PAS sin tener en cuenta las características del rasgo. Si te comparas con alguien que no tiene el rasgo, fijándote en cualidades que no solamente no son tuyas y que nunca vas a poder desarrollar por el simple hecho de que no pertenecen al perfil de una persona con el rasgo de la alta sensibilidad (D.O.E.S.), corres el riesgo de acabar agotado y frustrado. Es como pedir peras al olmo o nadar contra la corriente.
Ojo también con lo contrario
Me he encontrado con más de una PAS que se creía mejor que otras personas. Esto también es compararse, aunque quizás la intención es buena y en este caso sería una (falsa) manera de aumentar la autoestima. Empero, en lugar de subir la autoestima crea una falsa creencia alimentada por la soberbia. Nadie es mejor o peor que nadie. Todos estamos en proceso y unos han evolucionado más en un sentido, mientras que otros lo hayan hecho en otro sentido. Recuerda la pregunta empática: ¿Qué le ha pasado a la otra persona que hace que se comporte de la manera X? No todos que no son cómo tu son narcisistas, psicópatas o asesinos. Si te miras bien, seguro que descubrirás algún que otro tema en tu forma de actuar que podría ser pulido un poquito más. «Yo nunca haré…» y «Yo nunca diré…» pueden ser una ilusión.
Ser PAS no es ser débil
La alta sensibilidad no es un defecto ni es un problema a solucionar. Es una forma particular de procesar la información sensorial y emocional: más profundamente, más detalladamente y más intensamente. Querer tener la resistencia a la estimulación o la frialdad emocional que tienen muchas personas no-PAS es tan absurdo como que una flor quiera convertirse en piedra para no sufrir con el viento. No está en tu forma de ser, en tu naturaleza.
Ser altamente sensible no es el problema; el problema es pretender no serlo. Pretender no serlo es trampa. No es la primera vez que lo digo. La comparación constante lleva a la frustración, al estrés y a la sensación de no ser suficiente, de no dar la talla. Te empuja a intentar ser otra persona, a forzarte, a ir contra ti, contra como eres y contra lo que tu alma te pide. Esto no solo no funciona, sino que lleva a un agotamiento profundo, con todos los riesgos para la salud que esto conlleva.
¿Cómo salir de la trampa?
Ante todo, haz un esfuerzo de aprender sobre el rasgo y sobre la manera en que se manifiesta en ti. No hay ni una PAS igual que otra, ya que mucho depende de otros temperamentos que podamos tener y de la manera en que fuimos educados. Luego, claro, hace falta un cambio de mirada en el cual haces lo que puedas para respetar tu forma de ser y aplicando las reglas del autocuidado. A continuación, te dejo unos consejos prácticos para empezar este camino:
- Reconoce tus cualidades únicas. Haz una lista de las cosas que haces bien por ser PAS: escuchar de verdad, cuidar a los demás con profundidad, notar lo que otros pasan por alto, ser creativa, tener una vida interior rica. Date cuenta de que esas capacidades no están disponibles para todo el mundo.
- Pon límites al estímulo. Las personas no-PAS pueden vivir rodeadas de ruido, luces, pantallas y conflictos sin pestañear. Tú no. Y no pasa nada. Reconoce cuándo necesitas desconectar, descansar, estar sola. Protegerte no es debilidad, es inteligencia emocional.
- Cuida tu diálogo interno. Frases como “tengo que ser más fuerte”, “no debería afectarme tanto” o “estoy exagerando” son señales de que estás juzgándote desde parámetros que no te pertenecen. Cámbialas por otras como: “tengo derecho a sentir lo que siento”, “mi sensibilidad es una fuerza, no una carga”.
- Rodéate de personas que te entiendan. Estar con personas que comprenden tu sensibilidad —o al menos la respetan y la aceptan— puede cambiar tu vida. No tienes que explicarte todo el tiempo, ni justificar por qué algo te afecta. La comprensión es bálsamo. Rodéate de otras PAS y comparte sobre como vives el rasgo, sobre cómo te aporta y sobre las facetas que te cuestan.
- Recuerda que no tienes que ser como nadie. No viniste al mundo a imitar a nadie. Tu valor está en lo que aportas desde tu sensibilidad, desde tu manera de concebir el mundo. El mundo necesita más escucha, más empatía, más belleza, más conexión profunda. Y en eso, tú puedes ser guía.
- No te crees mejor que otras personas a los cuales solamente ves defectos. Es una ilusión, y es la misma trampa, pero al revés. Todos tenemos temas, todos podemos mejorar. No sabes (casi) nada de otras personas; ya cuesta bastante conocerte a ti mismo. La autoestima se consigue a través del trabajo interior propio; no a través de criticar y juzgar.
Resumiendo
Compararte con personas no-PAS es como mirar el mapa de otro para guiarte por tu camino. No funciona. Solo te desorienta y te aleja de ti. Perderás tiempo y energía y acabarás estresado y agotado.
Recuerda: no tienes que correr al ritmo de los demás. Tienes tu propio ritmo, tu propio pulso, tu propia forma de florecer. Y eso está bien. Está más que bien. Es valioso, necesario y bello.
Deja de mirar hacia fuera buscando respuestas. Mírate con ternura, con respeto, con orgullo. Porque ser PAS no es ser menos. Es ser más… de lo que muchas veces el mundo sabe apreciar. Pero tú sí puedes hacerlo. Y eso ya es un gran comienzo.
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Imagen: Darya Tryfanava