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PAS, ¿Cómo te hablas?

Una de las facetas más importantes, que repercute directamente en la manera en que ocupamos nuestro lugar en el mundo, es el lenguaje que utilizamos para hablarnos.

Cuando decidí escribir sobre este tema, lo primero que hice fue recordarme cómo me dirigía a mí misma en el pasado. Mientras que ahora me digo “chiquilla” (meisje) en un tono cariñoso, en un pasado no muy lejano me llamaba “tonta” o “tontita”. También llegué a llamarme “gorda” o “gordita”.

Incluso utilizaba una parte de mi apellido, Zegers, y la primera sílaba de mi nombre, Ka. Cada pareja de nombres tenía, pues, su versión dura y crítica (tonta, gorda, Zegers) y otra aparentemente más dulce pero, en el fondo, igual de crítica. Ah, también suelo usar el diminutivo de Ka, Kaatje, que sí me suena igual de dulce y cariñoso que chiquilla.

 

El dolor de las palabras

Tengo un buen amigo al que quiero mucho. Una bellísima persona, de gran corazón, siempre dispuesto a ayudar. No diré su nombre, pero cuando lea estas líneas sabrá que hablo de él.

Es gracias a él que decidí volver a sacar este tema, y le dedico el artículo. Veréis: esta bella persona tiene el hábito de llamarse “subnormal”. Lo escribo y respiro hondo. Porque cada vez que se llama así, energéticamente, es como si se pegara una bofetada. Se maltrata, y eso, como buena PAS, a mí me duele.

Al principio pensé que lo hacía para ganar cumplidos o halagos. Luego creí que era porque le parecía gracioso. Pero me di cuenta de que no: lo hace porque dentro de él vive un dolor muy profundo, que sirve de disparador para la voz del Crítico Interior.

De todas las voces que habitan en nuestra alma, el Crítico Interior es la más limitante. Es quien susurra: “Nunca eres suficiente”, “te crees más que nadie”, “no vales nada”. Es el gemelo del Perfeccionista y el primo del Síndrome del Impostor.

Pertenecen a una familia muy dañina que suele adoptar a niños buenos, sensibles, empáticos e inteligentes. Niños que destacan por su sensibilidad y gran corazón, pero también por su rapidez mental. Niños que despiertan la envidia de otros, y que, para evitar ser heridos, aprenden a castigarse interiormente. Se quitan el mérito, se insultan en silencio, convencidos de que así estarán más a salvo.

Muchos de esos niños también sufren acoso escolar. Otro motivo más para querer pasar desapercibidos, aunque sea a costa de dañarse a sí mismos.

 

Nombres que hieren

Si en tu diálogo interior te llamas idiota, feo, gordo, inútil, cretino, subnormal… o si te dices sensiblero, llorón, exagerado, histérico, neurótico, te invito a que investigues de dónde viene este daño.

¿Quién te llamaba así cuando eras niño? ¿Quién no quería que brillaras? ¿Quién envenenó tu alma inocente, quizá sin darse cuenta, haciéndote creer que no valías tal como eras?

Cierra los ojos y deja resonar dentro de ti ese nombre hiriente con el que aún te hablas. Escúchalo bien. Alguna vez alguien te lo dijo, y tú lo adoptaste. Creíste que habías hecho algo malo (cuando en realidad no), y asumiste que no debías brillar.

También puede que te hayan enseñado que amarte a ti mismo es egoísta, especialmente si tu educación fue religiosa. No estoy de acuerdo. Puedes estar orgulloso de lo que haces bien y ser compasivo con lo que no salió como esperabas. Nadie es perfecto… y todos lo somos, en nuestra esencia.

Si logramos mirarnos con amor y auto-compasión, no necesitaremos más esos insultos mentirosos y castrantes. Porque incluso cuando hacemos algo mal, seguimos siendo personas dignas de amor.

 

El insulto como veneno

Los insultos y las mentiras son contravalores poderosos. Hacen más daño del que imaginamos. Socavan el alma. Son enemigos de nuestra chispa divina.

Por eso, escúchate cuando te hablas. Detecta esos nombres feos, denigrantes, carentes de amor. Corrígete enseguida y repite la misma frase, pero con un término cariñoso y respetuoso.

Es un ejercicio que requiere dedicación y tiempo. No te canses. Persevera. Solo cuando aprendas a quererte y aceptarte como eres, sabrás que vales… y también que los demás valen.

 

Seguir aprendiendo

He escrito más artículos sobre este tema y dejaré sus enlaces al final. Si eres de los que aún se hablan mal, te recomiendo leerlos. Es un asunto complejo, con grandes consecuencias, y merece tu atención. Porque el día que dejes de maltratarte con tus palabras, te permitirás brillar con todo el derecho del mundo.

 

 

Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, asíLibro Niños Con Alta Sensibilidad como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

 

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

 

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

 

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Imagen: Gerald on Pixabay

3 Comments

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  1. Isabel Ubeda
    Reply

    Muchas gracias por este artículo. Es un alivio poder leerlo para acercarse a esta dinámica tan profunda, tan fuerte y a la cual es difícil tener acceso. Son consejos profesionales y amables. Gracias

    1. Karina Zegers de Beijl
      Reply

      Muchas gracias, Isabel, por tus palabras. Es un tema fascinante e importante al que conviene estar muy atento. Un abrazo.

  2. Pingback: Conectando con la Energía del Otoño: Sensibilidad y Bienestar – En cuerpo y alma

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