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PAS y los padres: comprender, perdonar y sanar

Una mirada compasiva hacia nuestras raíces

Hoy, después de una conversación tan agradable como emocional con dos bellísimas personas que me hablaron de sus padres y de la relación que tienen con ellos, quedé tocada y pensativa. Pensé en lo que otros me han contado sobre sus padres y cómo se relacionan armónicamente “de PAS a PAS”.
También me vinieron a la mente otros casos, casos de ruptura e incomprensión total. Me recordé de una clienta que no paraba de hablar de su padre, totalmente alcoholizado y terriblemente enfadado con el mundo, que “le duele y que no le entiende”.

Muchas PAS ya mayores —especialmente hombres— no quieren saber nada de este rasgo “de moda” después de haber luchado toda una vida contra el estigma de ser débiles.

 

Heredamos más que rasgos: heredamos sensibilidades

En otros contextos he escrito sobre ser padre o madre de un niño con alta sensibilidad, un tema al que hasta he dedicado un libro. Sin embargo, lo que ahora quiero explorar contigo es cómo, siendo una PAS adulta, te relacionas con tus padres ya no tan jóvenes.

Partimos de la premisa de que el rasgo de la alta sensibilidad tiene un origen genético. Aún falta más investigación, sí, pero la práctica y algunos datos científicos parecen confirmar lo que, por ahora, debemos llamar hipótesis.

Si has llegado a reconocerte como PAS, es muy probable que uno o ambos de tus padres también lo sean. De la misma manera, si tienes hijos, quizá alguno haya heredado esa misma sensibilidad profunda, conocida en los ámbitos científicos como SPS (Sensory Processing Sensitivity).

 

Cuando descubrimos el rasgo… y nuestros padres ya no están

Cuando, hace unos veinte años, descubrí el trabajo de la Dra. Elaine Aron y llegué a identificarme como PAS, mis padres ya habían fallecido, igual que mi hermano.
Cuánto me hubiera gustado poder hablar con ellos sobre este tema tan fascinante.
Hubiera disfrutado de la posibilidad de conversar con calma amorosa para ir aclarando tantos temas y situaciones difíciles —y también maravillosas— que cobraron ese “extra” emocional gracias a la manera en que las PAS vivimos todo lo que nos pasa.

Mirando hacia atrás, y analizando momentos, ocurrencias, intereses, comentarios y lecciones vitales, creo que tanto mi padre como mi madre eran PAS. No se parecían en nada, pero ambos reflejaban las características de los cuatro pilares. Quizás mi padre más que mi madre.

 

Dos PAS con corazas

Ambos sufrieron fuertes secuelas por sus vivencias en la Segunda Guerra Mundial: mi padre, como piloto de caza operando desde portaaviones; mi madre, refugiando de la amenaza rusa en la Rumanía donde vivía.
Los dos desarrollaron corazas muy duras, y me imagino que fue gracias a ello que sobrevivieron la guerra.
Dos PAS con traumas y heridas profundas.

Siempre fui “niña de papá”, y a él le conocí más y mejor que a mi madre. Recuerdo que, de niña, en el colegio, deseaba poder sentirme orgullosa de ella. Ya por aquel entonces la percibía como rara, como alguien que no encajaba en el molde de las típicas madres.
Ella, por ejemplo, diseñaba y cosía su propia ropa y siempre vestía diferente.
Por cierto, también a mí me vistió de manera rara, lo cual tampoco me ayudó mucho en aquello de encajar.

Su manera de hablar, con un leve acento indefinible —siempre había vivido en el extranjero— hacía que las otras madres no la vieran como parte de su tribu. Ella lo intentó, pero ser PAS, introvertida, “extranjera”, distinta y emocionalmente dañada… no la ayudó.

Sí, llegué a sentir vergüenza por mi madre.
No fue hasta mucho más tarde que entendí que ella, igual que yo, añoraba pertenecer, pero no sabía cómo. La Soledad con mayúscula fue uno de los grandes temas de su vida. La Soledad y el Miedo. Pobre mujer.

Quizás me haya querido a su manera, pero también creo que se avergonzaba de mí, su hija rebelde que no la escuchaba y que siempre quería hacer las cosas a su manera.
Y si la madre se supone que es el eje de la familia, la que crea ese santuario en el cual como niño te puedes sentir querido y seguro… pues no, ella no era eso. Le superaba. Menos mal que el conocimiento del rasgo y el camino de autoconocimiento a través de las gafas PAS no solo me dieron comprensión, sino también la capacidad de perdonarla y perdonarme.

 

Mi padre, la música y el silencio

Con mi padre la cosa fue distinta.
Fue él quien me llevaba a los conciertos clásicos, quien me hizo tocar instrumentos (él tocaba la guitarra y cantaba), quien cada domingo nos subía al coche para ir al bosque o a los lagos, quien nos enseñaba a observar la naturaleza en silencio.

Nos llevó a museos, nos inculcó el amor por la lectura y la importancia de la calma.
Me hablaba de valores, de moralidad, de Dios. A pesar de sus corazas y de sus traumas, encajaba más en el perfil PAS que mi madre, la artista solitaria y amargada.

A veces me imagino cómo hubiera sido hablar con él sobre el rasgo. Creo que no se habría reconocido como PAS. Que le hubiera dado vergüenza. Que quizá lo habría visto en su madre o en sus hermanas, pero no en sí mismo.

 

Y tú, ¿Cómo es tu relación con tus padres?

¿Cómo es —o fue— tu relación con ellos?
¿Qué te enseñaron, y qué les puedes enseñar tú ahora a ellos?
Si ha habido conflictos, ¿los has podido sanar? ¿Has podido perdonar… y te han perdonado?

¿Ha mejorado la relación ahora que conoces el rasgo?
¿O pasó lo contrario y fuiste rechazado?

Las relaciones cercanas no siempre son fáciles. A veces sabemos demasiado de los otros… o ellos de nosotros. Pero el tiempo sigue, y con él, crecemos y evolucionamos.

Conocer el rasgo y aprender cómo funciona en nosotros nos ayuda a ser más compasivos, más pacientes, más tolerantes, y menos críticos.

A veces las relaciones no se pueden arreglar, y no pasa nada. No siempre te puedes sentir orgulloso de tus padres.
Quizás es suficiente agradecer lo que intentaron hacer por ti, con sus herramientas, con su conocimiento y con la educación que recibieron en un tiempo distinto.

Si la cercanía o las conversaciones reparadoras no son posibles, quédate con la comprensión, con la gratitud y el respeto.
Y déjales un rinconcito en tu corazón.

Artículos relacionados:

 

Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–,Libro Niños Con Alta Sensibilidad así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

 

 

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

 

 

Imagen: Brendan Sapp

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