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La Alta Sensibilidad frente al Bien y el Mal

Como no hay casualidades, ayer por la noche leí un artículo de Elaine Aron sobre este tema, y me impresionó profundamente.
Acto seguido, me entero del nuevo atentado de ETA.

En su artículo, Aron habla sobre un estudio del psicólogo social Philip Zimbardo, base de su libro El efecto Lucifer: el porqué de la maldad. El título original es aún más directo: El Efecto Lucifer: comprendiendo por qué personas buenas pueden convertirse en personas malas.

El experimento consistió en crear la simulación de una cárcel, con prisioneros y guardias. Zimbardo no eligió delincuentes, sino gente normal, como tú y yo. Lo que quería descubrir era si la violencia que observamos en las cárceles se debía a personas malas o a situaciones malas.

 

¿Por qué personas buenas hacen cosas malas?

Dice Aron: “Si consideramos como mal el hecho de que una persona haga intencionalmente daño a otra, surge la pregunta inevitable: ¿por qué lo haría?”

La respuesta más habitual es pensar que quien daña intencionadamente —el violador, el maltratador, el terrorista— es una persona enferma.
Pero el estudio de Zimbardo demostró algo inquietante: la mayoría del mal es causado por gente normal expuesta a situaciones extraordinarias.

La maldad, dice, es a menudo la sombra de nuestras mejores cualidades humanas.
Nuestra naturaleza es cooperativa y altruista. Queremos ayudar, obedecer, proteger, formar parte del grupo. No queremos ser señalados como cobardes o desobedientes.
Y justamente ese impulso —tan humano, tan “bueno”— puede transformarse, en circunstancias extremas, en su contrario.

Zimbardo muestra cómo, una y otra vez en la historia, personas corrientes han hecho daño a otras cuando obedecían órdenes de sus líderes o de un sistema que justificaba el mal “por una buena causa”: la ciencia, la patria, la religión, el orden.
Lo vimos en la Inquisición, en el nazismo, en Ruanda… pero también lo vemos hoy, a menor escala, en el trabajo, en los colegios, en las familias o en redes sociales.

 

El experimento de la prisión

En su famoso experimento, Zimbardo dividió a los voluntarios —repito: personas sanas y normales— en dos grupos: prisioneros y guardias.
Les explicó que podían abandonar el experimento en cualquier momento.
Ninguno tenía intención de “jugar a los malos”.

Sin embargo, en pocos días, los “guardias” empezaron a abusar cruelmente de los “reclusos”, y estos últimos se volvieron pasivos y desmoralizados.
El experimento, previsto para durar dos semanas, tuvo que interrumpirse a los cinco días por la brutalidad creciente.

Lo más inquietante fue que el propio Zimbardo, absorbido por su papel de “director de la cárcel”, no se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Tuvo que ser una persona externa quien le dijera: “¡Para esto ya!”.
Solo entonces comprendió cómo el sistema puede arrastrar incluso a quien lo dirige.

 

El lado oscuro de todos nosotros

Desde entonces, Zimbardo ha estudiado cómo la mayoría de las atrocidades son cometidas por personas normales bajo presión situacional.
Y aquí entra nuestro tema: ¿qué tiene que ver esto con la alta sensibilidad?

Si algo nos caracteriza a las PAS es la profunda empatía y la tendencia a absorber el entorno.
Eso, en situaciones colectivas o jerárquicas, puede ser un peligro.

Podemos caer fácilmente en el conformismo, en el deseo de agradar, de no ser conflictivos, de adaptarnos a un grupo o a una causa sin escuchar la voz interior.
Por nuestra sensibilidad y necesidad de pertenencia, corremos el riesgo de fundirnos con el entorno y perder nuestro propio criterio.
Y cuando eso ocurre, podemos ser manipulados sin darnos cuenta.

 

La consciencia como protección

La buena noticia —y siempre la hay— es que precisamente por ser PAS tenemos una gran capacidad para ver venir estas situaciones.
Nuestra intuición nos avisa. Nuestro cuerpo reacciona antes que la mente.

Podemos detectar el desequilibrio, la injusticia, la manipulación o la mentira.
Y esa sensibilidad no está ahí para hacernos sufrir, sino para alertar, despertar y señalar la verdad.

Por eso, es vital mantener la claridad sobre nuestros valores personales, incluso cuando haya presión social o emocional.
Aprender a reconocer nuestras sombras —sí, todos las tenemos— nos permite resistir mejor la tentación del mal colectivo.

Estoy completamente de acuerdo con Elaine Aron cuando dice que las personas altamente sensibles tenemos la capacidad de ser las mejores en resistir el Mal.
Ese es el tipo de heroísmo silencioso para el cual hemos nacido: ver lo que otros no ven, decir lo que otros callan, y hacerlo con compasión y conciencia.

 

La sombra como maestra

Reconocer nuestra sombra no significa caer en la culpa.
Significa asumir que el potencial de la oscuridad y el potencial de la luz conviven dentro de nosotros.
Solo quien acepta su sombra puede elegir conscientemente actuar desde el bien.

 

Ejercicio de reflexión interior

  1. Recuerda una situación en la que seguiste la corriente del grupo aun sabiendo que algo dentro de ti se resistía.
    • ¿Qué te llevó a hacerlo? ¿El miedo, la necesidad de pertenecer, el deseo de evitar conflicto?
  2. Imagina la misma situación hoy, desde la conciencia de tu alta sensibilidad.
    • ¿Qué habrías hecho distinto? ¿Qué señales te habría dado tu cuerpo o tu intuición?
  3. Define tres valores innegociables para ti.
    • Escríbelos y guárdalos en un lugar visible. Te servirán de brújula cuando el entorno se vuelva confuso.
  4. Observa tu entorno.
    • ¿Dónde ves hoy dinámicas de grupo que silencian la empatía o la individualidad?
    • ¿Qué podrías hacer tú, aunque sea un pequeño gesto, para traer más luz a esa situación?

 

Para terminar

El bien y el mal no son entidades separadas que existen fuera de nosotros.
Son dos posibilidades que habitan en el alma humana.
Y en las PAS, por la profundidad con que sentimos, ambas pueden manifestarse con una intensidad mayor.

Pero también es mayor nuestra capacidad de conciencia, compasión y transformación.
Cada vez que elegimos actuar desde la verdad, desde el respeto, desde la empatía —aun cuando el entorno empuje hacia lo contrario—, estamos cumpliendo con el sentido más profundo de nuestro rasgo:
ser guardianes del bien, portadores de luz y conciencia en un mundo que a menudo olvida mirar hacia dentro.

 

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Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

 

One Comment

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  1. salvador
    Reply

    PARA MI LA CONDUCTA HUMANA SE BASA EN UN ESTADO BIOLOGICO!!! YA ESTA DEMOSTRADO CIENTIFICAMENTE, QUE EL CEREBRO DE LOS ASESINOS ES DIFERENTE, ASI COMO TAMBIEN SUS NIVELES DE CIERTAS HORMONAS!!! QUE HACEN QUE ACTUEN DE ESA FORMA, AHORA HAY UNA PREGUNTA, UNA PERSONA DE ALTA SENSIBILIDAD PUEDE CONVERTIRSE EN UNA PERSONA MALA? MI RESPUESTA ES QUE PUEDE LLEGAR SENTIR CIERTAS EMOCIONES NEGATIVAS, PERO SIEMPRE ESTARA CONCIENTE DE ELLO A MENOS QUE LLEGUE A PERDER COMPLETAMENTE LA CONCIENCIA!!!HABLO EN EL CASO DE QUE UNA PERSONA ALTAMENENTE SENSIBLE LLEGUE A ENFERMARSE, DE CUALQUIER COSA QUE LE AFECTE SU SISTEMA NERVIOSO,UNA PERSONA CON ALTA SENSIBILIDAD DEBE CUIDAR MUCHO SU SALUD, PUES LA ALIMENTACION INFLUYE MUCHO, TAMBIEN EL EJERCICIO INFLUYE EN MANTENER ESA HERMOSA Y COMPLEJA PERSONALIDAD QUE TENEMOS!!!

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