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Decidir desde la intuición en personas altamente sensibles

Hace unos días leí un artículo sobre marketing en el que se afirmaba que una persona (no hablaban de los altamente sensibles, por supuesto) necesita menos de dos segundos —1,86 segundos, para ser exactos— para decidir si va a comprar un determinado producto o no.

Lógicamente, enseguida me pregunté cómo sería esto para una persona altamente sensible.

 

El proceso de decisión en las personas altamente sensibles

Como sabéis, una de las características de un PAS es que recibe mucha más información en el mismo espacio de tiempo que una persona con una sensibilidad media.

Entonces, ¿Qué pasa en el momento de decidir?
¿Necesitamos menos tiempo, porque captamos los matices más rápidamente?
¿O, por el contrario, necesitamos más, porque analizamos todos esos matices y nuestra mente no deja de procesar información?

La verdad es que no lo sé con certeza, pero me intriga.

Diría que depende del tipo de decisión y del estado emocional del PAS en ese momento. Cuando estamos tranquilos y centrados, la intuición fluye con claridad y rapidez. Pero cuando estamos cansados, saturados o inseguros, la sobrecarga sensorial puede nublar la intuición y hacer que nos resulte difícil tomar una decisión.

 

Intuición frente a racionalidad

Poco después leí en otro lugar que las decisiones que se toman de forma intuitiva suelen ser las mejores, mientras que las decisiones excesivamente razonadas —esas largas listas con argumentos a favor y en contra—, con el tiempo, tienden a generar menos satisfacción.

Tampoco tengo constancia científica de que esto sea así, pero la idea me convence.

Intuitivamente (nunca mejor dicho) me parece cierto, especialmente en el caso de las personas altamente sensibles, cuyo mundo interior es tan rico y perceptivo.

En mi propia experiencia, la gran mayoría de mis decisiones las tomo de forma intuitiva. Casi al instante sé lo que quiero y de qué manera.

A veces intento racionalizar, comparando opciones, buscando datos o pidiendo opiniones… pero casi siempre vuelvo a mi decisión inicial. Es como si, en el fondo, ya la supiera desde el principio.

Y quizás así sea: la intuición, cuando está limpia, conecta directamente con lo esencial, con esa sabiduría interior que todos tenemos y que nos guía sin necesidad de razonarlo todo.

 

Las trampas de la intuición

¿Hay trampas? ¡Por supuesto!

La intuición no siempre es pura. A menudo, se mezcla con recuerdos, miedos o experiencias pasadas que tiñen nuestra percepción.

Me explico.
Siguiendo el ejemplo del supermercado: imaginemos que en el pasado compraste un producto de la marca X que resultó estar estropeado. Sin darte cuenta, tu mente grabó esa experiencia como una advertencia: “marca X = mala experiencia”.

La próxima vez que veas ese producto, tu intuición (o lo que parece serlo) te dirá: “No lo compres”. Pero, ¿es intuición o es memoria emocional?

Esa “intuición contaminada” es más bien una reacción condicionada. Y todos la tenemos.
Nuestra sensibilidad, al registrar tantas impresiones, acumula también muchas huellas del pasado que pueden confundirse con corazonadas.

 

Cuando decidimos sobre personas

Lo mismo ocurre con las relaciones humanas. Si alguna vez hemos tenido una mala experiencia con alguien, existe una gran posibilidad de que, al volver a verle, apenas le saludemos porque ya hemos decidido —de forma inconsciente— que esa persona “no nos gusta”.

Y así, sin darnos cuenta, nos cerramos a la posibilidad de algo nuevo.

Quizá esa persona ha cambiado, ha crecido, o simplemente aquel día no se encontraba bien. Todos tenemos momentos en los que no estamos en nuestro mejor estado, y juzgar a alguien por una impresión pasada nos puede privar de una buena conexión.

Nuestra intuición puede guiarnos con amor o con miedo. La diferencia está en el tono con el que aparece:

  • La intuición verdadera es serena, suave, casi silenciosa.
  • La reacción emocional es ruidosa, ansiosa y se mezcla con el juicio.

 

Aprender a confiar (de verdad)

La intuición no se puede forzar, pero sí cultivar.

Se nutre del silencio, de la atención plena, del descanso y de la conexión con uno mismo. Cuando el cuerpo está tenso y la mente saturada, la intuición no tiene espacio para manifestarse.

Por eso, una de las mejores formas de fortalecerla es cuidar el propio equilibrio interior.
Caminar en la naturaleza, escribir, meditar, escuchar música, o simplemente descansar… Todo lo que nos ayuda a reconectar con nosotros mismos también limpia el canal de la intuición.

Y cuando ese canal se limpia, las decisiones se vuelven más claras y ligeras. No porque todo sea fácil, sino porque sentimos que lo que decidimos está alineado con lo que somos.

La intuición es una brújula preciosa para las personas altamente sensibles, pero necesita calma, claridad y autoconocimiento para funcionar bien.

Escucharla no es actuar por impulso, sino aprender a distinguir la voz interior del ruido mental. Es confiar en esa sabiduría tranquila que no grita, pero que siempre acierta cuando viene del corazón. Permítete sentir, pausar y escuchar. La mente razona, pero el alma sabe.

 

Practicando la intuición

A veces entendemos muy bien la importancia de la intuición, pero no siempre sabemos cómo escucharla. Vivimos rodeados de estímulos, de prisas y de opiniones externas que ahogan esa voz suave que todos llevamos dentro. Las personas altamente sensibles, precisamente por percibirlo todo con tanta intensidad, necesitamos aprender a crear espacios de calma donde la intuición pueda ser oída.

No se trata de hacer grandes cambios ni de seguir reglas complicadas, sino de volver al silencio, al cuerpo y a la atención plena. Son pequeños gestos cotidianos los que fortalecen ese vínculo con nuestra sabiduría interior.

Por eso, quiero proponerte algunos ejercicios sencillos para reconectar con tu intuición y aprender a confiar más en ella. Son prácticas suaves, pensadas para integrarlas en tu día a día, sin esfuerzo, pero con intención.

 

Ejercicios para cultivar la intuición

  1. El silencio como espacio de escucha

Busca un momento del día —puede ser por la mañana o antes de dormir— para estar en silencio.
Apaga el móvil, cierra los ojos y simplemente respira. No busques respuestas, no pienses: solo escucha.

Observa qué pensamientos aparecen, qué sensaciones surgen en el cuerpo. A veces la intuición no llega como una voz, sino como una calma, un calorcito interno o una ligera certeza sin palabras.
Si te resulta difícil al principio, empieza con cinco minutos. El silencio necesita práctica, pero con el tiempo se convierte en tu aliado más sabio.

 

  1. Diario de intuiciones

Durante una semana, anota cada pequeña corazonada o sensación intuitiva que tengas: algo que “sabes” sin saber por qué, un impulso suave, una idea repentina.
No la juzgues ni la analices. Simplemente escríbela.

Al final de la semana, repasa tus notas y observa:

  • ¿Cuáles se cumplieron o se revelaron acertadas?
  • ¿Cuáles provenían del miedo o la inseguridad?

Este ejercicio te ayudará a distinguir la intuición verdadera (ligera, tranquila) de la reacción emocional (tensa, urgente o ansiosa).

 

  1. Respirar antes de decidir

Cada vez que tengas que tomar una decisión, grande o pequeña, detente un instante.
Haz tres respiraciones lentas y profundas.
Luego pregúntate:

“¿Qué siento realmente con esta opción?”

Si lo que sientes es paz, aunque haya un poco de incertidumbre, probablemente tu intuición está diciendo “sí”.
Si lo que sientes es presión, nudo en el estómago o miedo, quizás hay algo que no está del todo alineado contigo.

La intuición no busca certezas absolutas, sino coherencia interior.

 

  1. Volver al cuerpo

La intuición habita en el cuerpo, no en la mente.
Cada vez que te sientas confundido, colapsado o dudando, lleva la atención a tu respiración o al latido del corazón.
Puedes poner una mano sobre el pecho o el abdomen y repetir mentalmente:

“Confío en mi sabiduría interior.”

Este pequeño gesto te devuelve al presente y abre el canal hacia tu intuición más profunda.

 

Para terminar

Cultivar la intuición no es cuestión de esfuerzo, sino de presencia.
A medida que aprendas a escucharte sin juicio, tu intuición se volverá más clara, más serena y más confiable.

Y recuerda: la intuición no siempre grita; a veces, solo susurra. Escucharla es un acto de respeto hacia tu sensibilidad.

Escuchar la intuición es volver a casa. Es confiar en esa voz suave que no busca convencer, sino acompañar. A veces se manifiesta como una certeza tranquila, otras como un susurro apenas perceptible… pero siempre está ahí, esperando a que le hagamos espacio.

Como persona altamente sensible, tienes el don de percibir con profundidad, de captar lo invisible y de conectar con lo esencial. Ese mismo talento, cuando lo nutres desde la calma, se convierte en tu guía más sabia.

No hace falta correr ni forzar nada: la intuición florece en el silencio, en la quietud, en el momento en que decides confiar en ti.

Permítete sentir, respirar y escuchar. La vida te hablará, y lo hará en tu propio idioma interior.

 

Las PAS somos muy rápidos en fiarnos de nuestra intuición, en el mensaje de nuestro subconsciente. Lo somos porque la mayoría de las veces la información que recibimos de esta manera es correcta. Aun así, creo que es prudente estar despierto y no fiarse ciegamente ya que, al fin y al cabo, somos seres humanos y nos podemos equivocar.

Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

 

3 Comments

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  1. NOELIA
    Reply

    Qué bien!!!! Esperaré a que salga el tuyo, porque mi ingés no es muy bueno. Es una pena que no haya más en español porque a mí leerlos me ayuda mucho.

  2. Karina Zegers de Beijl
    Reply

    Hola Noelia,
    Si lees Inglés, te podría recomendar muchos, ya que Elaine Aron ha escrito varios libros. Y también los libros de Ted Zeff son buenos. De momento no tengo constancia de más libros traducidos. Lo siento. No sé si te sirve de consuelo, pero espero que para el otoño habrá salido algo de mi mano… 🙂

  3. NOELIA
    Reply

    Me sirve de mucho todo lo que escribes. Ahora mismo estoy también terminando de leer el libro el Don de la Sensibilidad. Lo estoy disfrutando un montón. ¿Me puedes recomendar algún otro libro relacionado con este tema?
    Gracias Karina.

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