Mi blog

Cuando dejas de sacrificarte y la pareja se rompe

Cuidar como forma de amar

A lo mejor te ha pasado algo parecido a lo que le pasó a Sandra.

Llevas años en pareja y, en general, todo va bien. Como PAS, tu comportamiento se define por la necesidad de ayudar, de resolver problemas, de apagar fuegos y de estar disponible casi al cien por cien. Tu marido —y los niños, si los hay— se han acostumbrado a tu manera de ser y no la cuestionan. Es más: es muy probable que tu marido se casara contigo precisamente por ser como eres.

Tu manera de enfocar la vida pasa por servir.

El cuerpo pone el límite

En un momento dado, sin embargo, enfermas. Enfermas por agotamiento. Tras muchos años de dedicación al bienestar de tus seres queridos, te das cuenta de que te habías olvidado de ti misma. Dicho de forma sencilla: no te cuidaste. Es como si te hubieras borrado.

(O a ti mismo, porque este escenario puede darse en muchas variantes: el marido que cuida de la mujer, un hijo o hija que cuida de padres mayores, alguien que se hace cargo de hermanos pequeños…).

El descubrimiento del rasgo

Durante tu enfermedad descubres que eres PAS. Te reconoces en el perfil, empiezas a buscar información, lees libros y comienzas a seguir pautas de autocuidado. Poco a poco te vas conociendo mejor y te vas entendiendo.

Empiezas a ver de dónde viene esa necesidad de cuidar a los demás y por qué te olvidaste de ti.

El inicio del autocuidado

Comienzas a trabajar tu autoestima, tu dependencia emocional y tu apego. Vas aprendiendo, no sin dificultad, a decir no y a poner límites. En la medida en que empiezas a cuidarte más y mejor, vas ganando fuerza mental y emocional.

No es que dejes de cuidar a los demás, pero ahora lo haces desde otro lugar, teniendo en cuenta tus propias necesidades y escuchando las señales de tu cuerpo.

Hasta aquí, todo parece ir bien.

Las primeras resistencias del entorno

Mientras tanto, tu entorno, aunque contento por tu mejoría física y mental, empieza a resentirse. Y a medida que mantienes tus límites y tu autocuidado, ese malestar va en aumento.

Empiezan los reproches:

Oye, ya estás bien, ¿no?
¿Cuándo volverás a ser como antes?
Antes estabas mucho más dispuesta a ayudar…
Últimamente solo piensas en ti.
Ya no planchas mis camisas; creo que ya no me quieres…

La culpa y la incomprensión

La lista de quejas crece y crece, y a ti te cuesta no sentirte culpable y mantenerte firme en tus nuevas decisiones. Has aprendido que servir y ayudar es importante, pero también lo es cuidarte a ti misma.

Intentas explicarte con cariño. Insistes en que los quieres igual, quizá incluso más. Pero desde que estuviste enferma sabes que necesitas tiempo y espacio para ti. Dicen que lo entienden, pero observas cómo, poco a poco, emocionalmente se van alejando.

Una relación basada en el sacrificio

En el caso de Sandra, su marido acabó pidiéndole el divorcio. Decía que ella se había convertido en otra persona y que ya no era la mujer con la que se había casado.

Sandra lo entendía: él necesitaba una madre, y ella ya no podía ocupar ese rol.

Cuando se enamoraron, las necesidades de ambos encajaban perfectamente. Las de ella se centraban en sacrificarse —tal como había aprendido en la infancia: “si no te sacrificas por los demás, no te queremos”. Las de Carlos se centraban en tener a alguien dispuesto a cuidarle sin parar y a resolverle todos los problemas —como había aprendido él: “soy tu mamá y quiero cuidarte hasta que me muera”.

El duelo tras la ruptura

Hoy ya no están juntos. Para Sandra, todo este proceso fue una lucha dura. Se sintió culpable, avergonzada y muy sola. Durante un tiempo, ni siquiera los hijos la entendieron y se sintieron abandonados.

Necesitó casi tres años para encontrar paz interior.

La reconstrucción interior

Ahora se siente orgullosa de su camino. Los hijos, ya mayores, han acabado por comprenderla. Carlos se ha vuelto a casar con una mujer joven e insegura, encantada de poder cuidarle.

Un mensaje para ti

Si tú, siendo PAS, estás en un proceso similar, aguanta. No tires la toalla. Trabaja en ti. Atrévete a reconocer tus verdaderas necesidades. Profundiza en tu historia personal y en los mensajes que recibiste en la infancia.

Nadie dijo que vivir fuera fácil ni que madurar no doliera. Pero tu esfuerzo emocional y tus lágrimas valdrán la pena. Llegará un momento en que te sentirás más libre y mucho más equilibrada emocionalmente.

Artículos relacionados:

Si quieres saber más sobre el rasgo de la alta sensibilidad y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

 

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

 

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

Imagen: Kelly Sikkema en Unsplash

2 Comments

Leave a Comment

  1. María
    Reply

    Querida Karina, muchas gracias! Yo descubrí que soy PAS mucho después (y después de otra ruptura familiar). Y entendí muchas cosas que me han hecho entenderme a mí también 😊🤗

    1. Karina Zegers de Beijl
      Reply

      Un gran abrazo, Nené! Entenderse es absolutamente básico para poder crecer…

Leave a Reply

Your email address will not be published.