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¿Construyes paredes o construyes puentes?

Una cita que nos invita a reflexionar

“Nos sentimos solos porque construimos paredes en lugar de puentes.”

Alguien me mandó esta cita de Joseph Newton que me llegó directamente al corazón. Como sabéis, colecciono frases en las que encuentro reflejado algo del rasgo de la alta sensibilidad, y esta es una verdadera joya.

Me explico.

 

La infancia abierta y vulnerable

Cuando nacemos, y mientras somos pequeños, estamos totalmente abiertos hacia el mundo. No tenemos juicios, no hay voces internas que nos dicten lo que está bien o mal. Confiamos en los adultos para que nos cuiden y protejan.

Como niños nos entregamos con ingenuidad: investigamos, escuchamos, preguntamos y compartimos sin reservas.

Poco a poco la vida nos va enseñando. Como PAS, aprendemos rápidamente que hay cosas que nos hacen daño. Nos vamos adaptando a las circunstancias y empezamos a ver que no todo el mundo merece nuestro amor y cariño.

Buscamos amigos tranquilos y guardamos distancia de los más asertivos. Lloramos con facilidad, nos cansamos rápido y sufrimos por las injusticias, aunque sean pequeñas.

A veces en casa nos dicen que debemos ser más duros, y en el colegio nos etiquetan de tímidos o incluso cobardes. Algunos llegan a sufrir mobbing. Y así, entre “golpecitos” y golpes emocionales más profundos, empezamos a levantar un muro, una pared detrás de la cual escondemos nuestra parte más vulnerable.

 

La coraza y sus consecuencias

Una vez que esa coraza está levantada, pueden ocurrir dos cosas.

Por un lado, hay PAS que logran guardar su verdadero ser detrás del muro, mostrando hacia fuera una personalidad más fuerte, mientras desarrollan una vida interior muy rica.

Por otro lado, hay PAS que viven siempre detrás de la pared porque no encuentran forma de enfrentar el mundo sin sufrir intensamente.

La mayoría, en realidad, se mueve entre ambos extremos, haciéndose más o menos visible según la compañía y el nivel de confianza.

Sea como sea, la pared como medida de protección es un hecho. Y una consecuencia directa de esa pared es la soledad: tanto la del PAS con una vida interior riquísima que no logra compartir, como la del PAS que se siente desbordado por el dolor del mundo.

 

El precio de esconderse

Como PAS nos cuesta compartir nuestra verdad interior. La vida nos enseñó que hacernos visibles nos vuelve vulnerables. Aprendimos a escondernos y a valorar más la pared (seguridad) que el contacto humano auténtico, con su necesidad de amar y ser amado.

¿Es de extrañar que muchos se sientan terriblemente solos?

Entonces, ¿qué os parece desmontar la pared y utilizar esos mismos ladrillos para construir un puente?

 

De la pared al puente

Si vives detrás de tu pared, es lógico que tú mismo seas tu único punto de referencia. Y desde ahí, todo lo externo puede sentirse como un ataque personal.

Necesitas el amor y el respeto de los demás, pero cuanto más te escondes, más solo te sientes. Si no te dejas ver, ¿cómo van a amarte? Y si no dejas entrar a nadie, tampoco puedes ver al otro como realmente es. La pared distorsiona la visión.

Un puente, en cambio, te permite encontrarte con el otro como igual. Tomar conciencia de que todos somos responsables de nuestros actos y sentimientos abre la puerta a la empatía verdadera: hacia los demás, pero también hacia ti mismo.

No se trata de que todo el mundo sea tu mejor amigo. Pero en lugar de centrarte en lo negativo de la otra persona, busca lo positivo, porque seguro que lo tiene.

 

El cambio empieza en ti

Si sigues manejando paredes, la soledad seguirá acompañándote. Pero si practicas con puentes —venciendo el miedo que esto supone— poco a poco la soledad irá desapareciendo.

Y esto me lleva a otra cita que conecta con todo lo dicho, esa cita famosa de Gandhi: Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

 

De la reflexión a la acción

Comprender por qué construimos paredes nos ayuda a reconocer de dónde viene nuestra soledad. El siguiente paso es atrevernos a practicar, poco a poco, cómo abrir espacios de encuentro auténtico. No se trata de derribar de golpe todas las defensas —eso sería demasiado—, sino de aprender a utilizar esos mismos ladrillos para levantar puentes que nos conecten con el otro y también con nosotros mismos.

 

Ejercicios para empezar a construir puentes

  • Identifica tu pared: pregúntate en qué momentos tiendes a cerrarte. ¿Con quién te cuesta abrirte más? ¿Qué emociones aparecen cuando lo haces?
  • Observa tu lenguaje interno: anota las frases que suelen surgir cuando decides esconderte (“no me van a entender”, “me van a herir”). Reconocerlas es el primer paso para desmontarlas.
  • Practica la apertura gradual: comparte con alguien de confianza un pensamiento o emoción sencilla. No hace falta contar todo; se trata de dar un paso pequeño hacia la visibilidad.
  • Busca lo positivo en el otro: cuando te sorprendas juzgando o viendo solo lo negativo, haz el ejercicio consciente de encontrar tres aspectos positivos en esa persona.
  • Cultiva la empatía hacia ti mismo: cada vez que te descubras criticándote o sintiéndote “débil”, respóndete con amabilidad. El puente empieza dentro de ti.
  • Imagina tu puente: visualiza que cada palabra sincera, cada mirada de confianza o cada gesto de bondad es un ladrillo que te conecta con los demás.

 

Conclusión

Construir puentes no significa exponerte sin cuidado, sino atreverte a mostrar tu ser verdadero poco a poco, desde la confianza y el respeto.

Recuerda: cada vez que eliges abrirte, aunque sea un poco, permites que la vida fluya hacia ti y descubres que la soledad no es una condena, sino una invitación a encontrarte contigo y con los demás desde el corazón.

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Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, asíLibro Niños Con Alta Sensibilidad como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

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