PAS y la vuelta al cole: cómo acompañar los cambios
El verano se nos está acabando.
Para algunos es motivo de nostalgia y de añorar los días de playa; para otros, un alivio. El verano puede traer la alegría de las reuniones familiares, los viajes, las nuevas experiencias, el tiempo para pintar, hacer o escuchar música, leer…
Pero también puede generar cierto agobio: el calor, los ritmos alterados, las rutinas que se desdibujan. Y, para muchos padres, la complicación añadida de trabajar mientras los niños están de vacaciones, buscando sin parar soluciones que encajen en días imposibles.
Hoy quiero hablaros de estos niños, pero también de vosotros, los que ya no sois tan niños.
Porque, al fin y al cabo, la vida está llena de “vuelta al cole”: momentos nuevos, transiciones que despiertan nervios, expectativas y un poco de miedo.
Cuando el cambio da miedo
Las personas altamente sensibles solemos tener dificultades con los cambios, especialmente con aquellos que traen incógnitas o posibles sorpresas.
Y uno de los más grandes, lleno de emociones y de incertidumbres, es la primera entrada al colegio.
A todos nos ha tocado pasar por ese momento.
¿Lo recuerdas?
Esa mezcla entre emoción y nervios, la sensación de entrar en “el mundo de los grandes”, y, poco a poco, la aparición del miedo.
Dolores de barriga, insomnio, irritabilidad, preguntas confusas que los adultos no siempre sabían interpretar.
Y aquellas frases tan bien intencionadas como inútiles:
“No tengas miedo.”
“Todos tenemos que pasar por eso.”
El niño no sabe explicar lo que siente, y el adulto no sabe cómo aliviarlo.
Y así, ambos sufren.
Mirar con sus ojos
¿Qué podemos hacer para acompañarle?
El primer paso es validar sus miedos como reales.
Los sentimientos de un niño —como los de cualquier persona— son su verdad.
Son las gafas con las que mira el mundo, y negarlas solo aumenta la inseguridad.
Intentemos, pues, mirar a través de sus gafas, sin perder las nuestras.
Desde lo que sabemos, desde nuestra calma de adultos, podemos ayudarle a prepararse emocionalmente para el cambio.
Algunas ideas:
- Hacer juntos un pequeño tour por el colegio antes de que empiecen las clases.
- Presentarle a su profesora o profesor.
- Explicarle cómo serán los días, los horarios, las rutinas.
- Familiarizarle con el camino al colegio, caminando juntos hasta la puerta.
- Comprar el material escolar con tiempo, dejando que participe y elija algo.
- Inventar un cuento sobre un niño o niña que va al cole por primera vez y vive cosas buenas y emocionantes.
Y si le apetece, animarle a dibujar una escena del cuento, o simplemente algo que exprese cómo se siente.
Dibujar ayuda a sacar fuera los miedos, a ponerles color y forma, y por tanto, a liberarlos.
Podéis hacerlo con sus nuevos lápices, los que usará en clase: así el juego se convierte en una preparación simbólica y reconfortante.
Y esto, entre nosotros, también vale para los adultos.
Cada cambio en la vida —nuevo trabajo, mudanza, separación, jubilación— puede vivirse como una “vuelta al cole” interior.
Explorar el camino antes de recorrerlo siempre ayuda a calmar la mente y el corazón.
Volver al ritmo del alma
Después del verano, la tierra vuelve lentamente a su ritmo natural.
Nosotros también necesitamos esa transición: del sol exterior al recogimiento interior.
De la expansión a la calma.
Y, como las hojas que empiezan a caer, podemos dejar ir poco a poco el exceso de ruido y movimiento para volver a lo esencial.
Ejercicios sencillos para una vuelta suave
- Haz un pequeño ritual de bienvenida al nuevo ciclo.
Puede ser una merienda especial, una vela encendida, o simplemente unas palabras de gratitud por lo vivido en verano. - Habla de lo que sientes.
Pregunta a tu hijo (o a ti mismo):
“¿Qué es lo que más te ilusiona de lo que viene? ¿Y qué te da un poco de miedo?”
Escucha sin corregir, solo acogiendo. - Dibuja el cambio.
Dibuja juntos la escuela, las mochilas, los amigos… o cualquier símbolo del nuevo comienzo. - Respira con intención.
Tres respiraciones profundas cada mañana antes de salir de casa, imaginando que el aire nuevo limpia los miedos. - Planifica descansos.
Al igual que en clase hay recreo, también en la vida necesitamos pausas.
No llenes el calendario: deja espacios para el silencio y el juego.
Para terminar…
La vuelta al cole —real o simbólica— no es solo el inicio de un curso, sino una oportunidad de crecer, de renovar la confianza y de recordar que todos seguimos aprendiendo.
Acompañar a un niño sensible en ese proceso es también acompañarnos a nosotros mismos, en nuestra propia vuelta a la calma, a la rutina, a la vida real.
Que este retorno sea suave, consciente y lleno de pequeños descubrimientos. Y que el otoño nos encuentre en equilibrio, presentes y agradecidos.
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