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PAS y la empatía en la conversación: aprender a escuchar

Hace unos días he vuelto del sur de Francia, donde he participado en un curso de Comunicación No Violenta (CNV).
Sé que os he hablado más de una vez de este tema, pero cada vez que profundizo en él descubro algo nuevo que me remueve y me enseña. Así que hoy quiero compartir con vosotros una parte que me ha parecido especialmente útil: cómo recibimos un mensaje.

Confieso que este método me resulta desafiante. Es como aprender un idioma completamente nuevo, con sus propias reglas y su gramática emocional. Durante seis días practicamos con juegos de rol, intentando interiorizar la manera de comunicarse propuesta por Marshall Rosenberg, creador de la CNV.
De entre los muchos ejercicios, uno me pareció especialmente revelador: las cuatro maneras de reaccionar ante un mensaje o estímulo.

 

Las cuatro formas de reaccionar ante un mensaje

Rosenberg distingue cuatro posibles respuestas frente a lo que alguien nos dice:

  1. En contra de mí.
    Recibo el mensaje como un ataque personal. Me juzgo, me culpo, me digo que no valgo o que he hecho mal las cosas. Aparecen sentimientos de vergüenza o tristeza. Es un juicio hacia dentro.
  2. En contra del otro.
    Reacciono atacando: “¡Idiota! Siempre te metes conmigo.” Lo juzgo y proyecto mi enfado hacia él. Es una defensa automática, pero nos separa del otro y de nosotros mismos.
  3. Hacia mí (autoempatía).
    Me escucho, reconozco cómo me siento y qué necesito. Por ejemplo:
    “Cuando comprendo que el otro está frustrado conmigo, me siento triste porque necesito calma y comprensión.”
    Este paso es un bálsamo: nos devuelve el equilibrio interior y nos permite actuar con más conciencia.
  4. Hacia el otro (empatía).
    Llego a la verdadera conexión. Pregunto sin juicio, desde la escucha:
    “Cuando me dices eso, ¿es porque te sientes frustrado? ¿Porque necesitas sentirte comprendido?”
    Esta es la esencia de la comunicación empática: escuchar más allá de las palabras, atender la emoción y la necesidad que hay detrás.

 

De la reacción al encuentro

Lo que aprendí —y quiero subrayar— es que solo el cuarto modo, la empatía hacia el otro, genera una comunicación viva y sanadora.
Y sin embargo, los PAS solemos caer en el primero: reaccionamos en contra de nosotros mismos, porque nuestra gran sensibilidad nos lleva a interiorizar los juicios de los demás.

Un ejemplo clásico: alguien te dice, con tono molesto,

“Contigo no se puede hablar, ¡eres demasiado sensible!”

La reacción automática puede ser:
“Tiene razón. Soy un problema, siempre exagero.”
Pero atención: eso no es una verdad, es un juicio.
¿Y quién decide cuánto es “demasiado sensible”? ¿Comparado con qué?
No hay medida objetiva para algo tan humano. Así que, por favor: culpabilidad fuera.

Si en cambio pasamos al punto 3, la autoempatía, ya cambiamos la energía:
“Cuando alguien me dice eso, me siento triste porque necesito respeto y serenidad.”
Desde aquí, puedes decidir cómo responder, incluso pedir un tiempo:
“Entiendo que te sientes frustrado conmigo, ¿te parece si hablamos mañana con más calma?”
Esa simple pausa puede evitar una tormenta.

Y si luego alcanzas el punto 4 —la empatía hacia el otro—, el encuentro ocurre.
Empiezas a mirar al otro no como enemigo, sino como un ser que también sufre, que también necesita. Y algo cambia, dentro y fuera.

Durante el curso surgió una frase preciosa que se me quedó grabada:

“La empatía es la necesidad de contribuir al bienestar del otro.”
Qué definición tan pura, tan sencilla y tan transformadora.

 

Del entendimiento a la práctica

Hablar de empatía es una cosa, practicarla es otra.
La teoría puede parecernos clara, pero en el momento real —con el corazón acelerado y las emociones al borde— la mente se nubla.
Por eso la práctica cotidiana es tan importante: poco a poco, esta forma de comunicarnos se vuelve más natural, más fluida.

 

Ejercicios para cultivar la empatía consciente

  1. Detente antes de reaccionar.
    Cuando alguien te dice algo que te duele, respira hondo. No contestes enseguida.
    Date unos segundos para identificar si estás cayendo en el punto 1 o 2.
  2. Pregúntate qué sientes y qué necesitas.
    Pon palabras a tu emoción: tristeza, frustración, cansancio… y a tu necesidad: respeto, calma, afecto, claridad.
  3. Ensaya la autoempatía.
    Escribe frases tipo:
    “Cuando escucho X, me siento X, porque necesito X.”
    Repite este patrón hasta que se vuelva natural.
  4. Escucha al otro con curiosidad.
    En lugar de defenderte, intenta comprender qué hay detrás de su mensaje.
    Pregunta: “¿Te sientes así porque necesitas…?” y observa cómo se transforma la conversación.
  5. Haz un pequeño balance diario.
    Cada noche, piensa en una interacción del día.
    ¿Desde qué punto reaccionaste? ¿Qué podrías intentar la próxima vez?
    No para juzgarte, sino para aprender.

 

Para terminar

La empatía no es solo una técnica: es una actitud del alma.
Es la decisión consciente de mirar al otro con humanidad, incluso cuando duele.
Como personas altamente sensibles, tenemos el don de sentir profundamente, pero también la responsabilidad de usar ese don para crear puentes, no muros. Cada vez que eliges escuchar sin juzgar, estás sembrando un poco más de paz en el mundo.
Y eso, créeme, no es poca cosa.

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