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¿Qué hacemos con las Buenas Intenciones?

Otra vez hemos llegado a ese punto de “las buenas intenciones”.
La mayoría de gente empieza el nuevo año con deseos de cambiar comportamientos, de mejorarlos o de superarlos.

“Este año voy a dejar de fumar.”
“Este año voy a dedicar más tiempo al trabajo de voluntario.”
“Este año voy a trabajar en la mejora de mi relación de pareja.”
“Este año voy a poner más énfasis en mis estudios.”

No sé, cada uno tendrá sus temas.

¿Qué pasó con las intenciones del año pasado?

¿Os acordáis de vuestras intenciones del año pasado?
¿Habéis logrado vuestros objetivos? Os felicito.
¿Lo habéis logrado parcialmente? Os felicito también.
¿No habéis realizado lo que os habíais propuesto?
También os felicito, porque eso es una oportunidad para aprender algo más sobre ti mismo. Lo es, si puedes analizar y comprender por qué no te ha funcionado.

El listón demasiado alto

Como sabéis, las personas altamente sensibles tenemos una tendencia a exigir mucho de nosotros mismos. Solemos poner el listón muy alto. Típicamente, por estas fechas, vivimos en una burbuja de optimismo que hace que nos creamos capaces de lograr no un único objetivo, sino preferiblemente dos o más.

Pero si luego, en los meses siguientes, nos vamos dando cuenta de que no podemos con todo lo que queríamos hacer, es más que probable que acabemos olvidando la intención original, o que empecemos a sentir que estamos fallando. Que hemos fallado.
Otra vez.

Cuando la buena intención se vuelve sobrecarga

Si, por ejemplo, nos habíamos planteado un trabajo de voluntariado, volcándonos en una ONG con todo el entusiasmo y las ganas de hacer algo bien para el mundo, es posible que después de dos o tres meses nos demos cuenta de que estamos dedicando demasiado tiempo al voluntariado, porque empiezan a sufrir los estudios, el trabajo normal, el cuidado de los niños, la limpieza de la casa, etc.

Empieza el estrés, y a partir de ahí todo va de mal en peor. A mí me ha pasado. Por un lado, quería seguir y aguantar. No quería romper la promesa que me había hecho (para mí, una promesa es sagrada). Pero mi cuerpo me decía claramente que era demasiado.
Había fallado y me sentía horrible. Culpable. Con la sensación de haber defraudado a la gente con quienes me había comprometido. Vamos, un fracaso total.

Aprendizajes para un nuevo comienzo

Desde entonces he aprendido varias cosas. La primera, hacerme una imagen clara y realista de las cosas que quiero proponerme.
Investigar el tiempo y la energía física que puedo invertir y compararlo con lo que el puesto exige. A lo mejor tengo que dejar otra actividad para poder asumir ese voluntariado.

También conviene investigar y clarificar qué esperan de mí, darme un plazo de prueba para evitar que me sienta tan mal si resulta que no doy abasto.
Puedo empezar con una hora a la semana y luego aumentar si veo que puedo. Como PAS, somos muy sensibles frente a nuevas situaciones. A veces nos encontramos con algo que no nos sienta demasiado bien. El idealismo es una cosa; la realidad, otra.

Lo que quiero decir es que, pase lo que pase, tengamos la capacidad de perdonarnos si nos damos cuenta de que nuestra “buena intención” resulta ser más grande que nuestra realidad cotidiana. Pero también quiero decir que tengamos una actitud preventiva, en el sentido de que vale más que la buena intención sea simple, pequeña y realizable, en lugar de un gesto maravilloso con el que luego no podemos cumplir. Al final y al cabo, se trata de querernos a nosotros mismos, de respetarnos y de poder perdonarnos.

Para terminar…

Queridos amigos, que tengáis un muy buen año nuevo, uno en el que vuestras intenciones nazcan desde la suavidad y no desde la exigencia, desde la ternura y no desde la presión. Porque las buenas intenciones, cuando vienen del corazón y no del deber, se transforman en pequeños actos de amor hacia uno mismo.

 

Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

 

One Comment

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  1. Anónimo
    Reply

    Aquí se habla mucho de las personas "Altamente sensibles". Pero en ningún caso encuentro la información opuesta.

    Seria interesante una evaluación sobre las personas que no son sensibles, el porque de ello, y un poco hacer una diferenciación entre estos dos tipos de caracteres.

    ¿Como son las personas consideradas como "minimamente sensibles"?

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