PAS y buscar sensaciones: excursiones que cuidan el alma
Caminos cercanos que cuidan el alma
Hay días en que no es un gran plan lo que me llama, sino algo mucho más sencillo y, a la vez, profundamente necesario: salir a caminar. Prepararme, coger la correa de Murta y dejar que el cuerpo se ponga en movimiento.
A veces sé adónde vamos. Otras no. Solo siento que necesito aire, espacio, horizonte. Un sendero, un camino de tierra, una subida suave, un tramo de costa. No hace falta ir lejos para que algo se recoloque por dentro.
La excursión exterior… y la interior
Caminar con Murta, o sin ella porque no siempre es fácil de manejar, por un entorno natural es, para mí, mucho más que hacer ejercicio o “salir a despejarme”. Es una forma de regular mi sistema nervioso. De volver al cuerpo. De escuchar sin palabras.
En cuanto entramos en un paisaje abierto, mis sentidos despiertan. La luz, los sonidos, los olores, el contacto de los pies con el suelo… todo llega con más matices. Y sin darme cuenta, voy entrando en un estado de presencia suave, tan necesario para un alma sensible.
Ahí reconozco claramente a la buscadora de sensaciones que habita en mí. No es la búsqueda de impacto ni de riesgo. Es la necesidad profunda de experiencias vivas, que me saquen un poco de lo conocido y, al mismo tiempo, me devuelvan a mí.
Para una persona altamente sensible, lo nuevo nunca es neutro. Lo nuevo toca. A veces activa. Pero cuando elegimos bien el entorno y el ritmo, también puede ser profundamente regulador y nutritivo.
PAS… y con sed de caminos
Durante mucho tiempo, la imagen más extendida de la alta sensibilidad parecía dejarnos poco espacio para esta faceta. Como si ser PAS significara necesitar siempre lo previsible, lo tranquilo, lo recogido. Y sí, lo necesitamos. Mucho. Pero algunas personas altamente sensibles sentimos también una sed natural de caminos, de paisajes, de pequeños territorios aún no recorridos. Una sed de movimiento consciente.
En mí, se expresa en ese deseo de salir, explorar con calma, desviarme un poco, subir una colina cercana, seguir un sendero que no conozco, dejar que la mirada descanse en algo nuevo.
No busco multitudes ni estímulos agresivos. Busco naturaleza, amplitud, belleza, vibración fina. Esa sensación delicada que me dice: “esto te está haciendo bien”.
Y cuando aparece, sé que no he salido para huir de mí, sino para cuidarme.
Pequeñas aventuras como autocuidado PAS
Mis “aventuras” son pequeñas, y por eso mismo tan terapéuticas.
Una excursión sola o con Murta. Un bosque distinto. Un camino que no había tomado nunca. Un mirador al que llego sin prisa. Un lugar donde sentarme en silencio.
Para una PAS introvertida, estos gestos pueden ser auténticos actos de amor propio. Salir de la zona conocida, pero sin violencia. Elegir un pequeño reto que despierte, sin desbordar.
Antes de ir, escucho. Mido fuerzas. Siento cómo estoy. La cadera a veces da problemas y mis pasos no siempre son seguros y fuertes. Las personas altamente sensibles no solemos ser impulsivas, y eso, bien entendido, es sabiduría del cuerpo.
Y al volver, muchas veces noto algo muy claro: no solo he caminado kilómetros, he soltado tensión. He ordenado emociones. He dado espacio a cosas que dentro de casa no encontraban aire.
Un anhelo que nos guía
Con los años he comprendido que esta necesidad no va tanto de “hacer excursiones” como de entrar en ciertos estados interiores. Buscamos aquello que nos devuelve a casa.
El ritmo de los pasos. La respiración más amplia. El silencio entre árboles. El cielo estrellado. El sonido del mar o del viento. La emoción suave de lo desconocido.
Todo eso alimenta algo muy profundo en el alma sensible: un anhelo de conexión, de sentido, de coherencia interna. Reconocer que soy pequeña frente a algo mucho más grande que yo, y aun así, formando parte de ese algo. Y cuando una excursión toca ese lugar, deja de ser un paseo para convertirse en asombro hasta devoción. Pero también en escucha. En autocuidado. En pequeña terapia natural.
Mucho más que una etiqueta
Comparto esto porque sé que hay personas altamente sensibles que dudan de si “encajan” en el rasgo al sentirse también atraídas por la novedad, el movimiento o la exploración. Antes mis excursiones eran viajes, viajes a solas a destinos fuera de la isla. Con la edad ahora más bien me quedo con la excursión y viajo menos. Cada uno según sus posibilidades y necesidades.
Y me gusta recordarlo: ser PAS no nos encierra en un molde. Somos sensibilidad, sí. Pero también cuerpo, temperamento, historia, deseo, intuición. Algunas almas sensibles florecen en lo conocido. Otras necesitan, de vez en cuando, escuchar cómo la naturaleza les habla desde un sendero nuevo.
Ambas formas son válidas. Ambas son profundamente PAS. Y ambas pueden ser caminos hermosos de cuidado y regreso a uno mismo.
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2 Comments
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Carmen
Gracias Karina. No se puede expresar mejor. Esas sensaciónes al pasear, todo se coloca.
Yo también siento la necesidad de recogimiento a veces y de nuevas experiencias otras.
Lo que he aprendido al conocerme como PAS, en gran parte gracias a tus libros y a ti, es a saber reconocer cuando, cuanto, y respetarlo.
Gracias.
Un abrazo
Karina Zegers de Beijl
Estimada Carmen, gracias por tus palabras y me alegro mucho de que mis textos te ayudan. Un abrazo.