Navidad 2024
Contrario a otros años, este año no me resulta fácil escribir un texto para la Natividad. Aunque el motivo para celebrar -el nacimiento del niño Jesús, la Luz y el Amor en la tierra- sigue siendo el mismo de siempre, las circunstancias en el mundo van cambiando. Mientras que podamos mandar en nuestro sentir, en nuestra actitud interior, aquello que pasa fuera en el mundo responde a otras leyes, actividades y decisiones. Interior y exterior son dos conceptos opuestos y, al mismo tiempo, inseparables. Si el uno no existe, el otro tampoco, igual que la luz necesita la oscuridad para poderla reconocer.
Aunque siempre ha habido conflictos y desastres naturales en el mundo, este año, con el drama de Valencia tan recién y tan cerca, los jingle bells suenan un poco menos afinado que en otros años. Desearle a alguien ‘feliz Navidad’ ya no me sale tan espontáneo ya que tengo muy claro que hay muchas familias que ya no son completas, que hay gente que ya ni siquiera tiene una casa y otros que han perdido mucho o todo. Mientras que la prensa oficial habla de la vuelta a la ‘normalidad’, aquellos que viven en los pueblos y las zonas afectados, hasta el día de hoy dudan si esa ‘normalidad’ algún día volverá.
Esto no quiere decir que no podamos celebrar. Claro que podemos celebrar. Y hasta diría que debemos hacerlo. Es un momento para juntarnos y celebrar, aquellos que podemos hacerlo. No hace falta una cena de mariscos, ni es necesario dar regalos y ni siquiera hace falta un árbol con lucecitas. Lo único que realmente hace falta es sentir gratitud por estar aquí, por poder contar con la cercanía y el cariño de aquellos que nos importan y que tenemos a nuestro lado para abrazar. Aunque sentimos una enorme impotencia, un dolor que desgarra el alma y ese vacío de la ausencia apremiante de manos que ya no se pueden acariciar y que no se dejan olvidar, podemos hacer un esfuerzo por enfocarnos en los que sí se salvaron. No será fácil, para nada, pero creo que puede ser un acto consciente que, incluso, puede tener un efecto liberador en aquellos que cruzaron el umbral.
Con el creciente individualismo que caracteriza nuestra época, está bien visto cuidarse primero a uno mismo. Es más, el ‘me merezco’ es para muchos una frase favorita. ‘Si yo estoy bien, podré cuidar mejor de los demás’. ‘Primero mis necesidades, y luego tendré para ocuparme de los otros’. ‘Si falla el suministro de oxígeno, ponte primero tu mascarilla y luego ocúpate de los que están a tu ladi’. Cada vez me queda más claro que, aunque esto suena bien, a mí no me convence. Aparte de que me resuena como una idea muy simplificada, me huele a cierto egoísmo. Me huele a excusa para no implicarte, para no mirar más allá de tus propias circunstancias. Claro que tenemos que cuidarnos y por supuesto es importante observar las reglas del autocuidado, pero si alguien necesita ayuda hay que ayudar. Ya te cuidarás después. Las necesidades ajenas no son menos importantes que las tuyas. Y que esto realmente es así, lo demostraron los miles de voluntarios que acudieron a ayudar a los cientos y cientos de afectados por la riada de Valencia. Nos lo enseñaron todas las donaciones de ropa, comida, medicamentos, dinero, enseres y tiempo dedicado a reconstruir y reparar por parte de millones que queríamos ser solidarios. No pasa nada si este año no hago el regalo X, hay mucha gente necesitada y desesperada. Casi todos conocemos a alguien, o alguien que conoce a alguien, de la zona afectada, y ha sentido la necesidad de contribuir, saltando las propias necesidades para priorizar las ajenas. Y no conozco a nadie que no haya donado, ayudado o ambos, y no todos eran PAS. No hace falta ser altamente sensible para sentir empatía y compasión. No hace falta ser PAS para tener humanidad.
Este año celebraré el fenómeno de la fraternidad y de la solidaridad. Celebraré la implicación y la capacidad humana de olvidarse a sí misma para dedicarse de una manera u otra al intento de ayudar al otro ser humano, a aquel que necesita de nuestro corazón. La Navidad es una fiesta de la tradición Cristiana y creo que el drama que azotó gran parte de Valencia, hizo visible que, a pesar de lo que se suele pensar, los valores cristianos de ayudar, de servir y de apoyar desde un lugar amoroso son valores humanos presentes en la gran mayoría de la gente. Darte cuenta de ello y sentir gratitud son buenos ingredientes para entrar en esta época festiva ya que inspiran esperanza para una futura humanidad en la que reinan fraternidad y compasión. Os deseo días de cercanía, de compartir, de apoyo y de calor anímico. Y os envío, a cada uno, un sentido abrazo, lleno de gratitud, esperanza y de PAZ.
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