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PAS, ayudar y servir: desde la empatía a la compasión

Las Personas Altamente Sensibles sentimos un fuerte impulso de ayudar. Pero con el tiempo descubrimos que existe un camino más profundo: pasar de la empatía que siente el dolor del otro, a la compasión que lo abraza sin perder equilibrio. Servir desde ese lugar transforma tanto a quien recibe como a quien da.

Ayudar

No es la primera vez que abordo el tema de ayudar. En más de un artículo y en mis libros os hablo sobre ser PAS y sobre esa tendencia, tan presente en muchos de nosotros, de querer ayudar.

Es ese tiempo del año en que celebramos la fiesta de San Martín, la —a veces mal llamada— fiesta de los farolillos. Ya de niña me sentía muy conmovida al escuchar, año tras año, la leyenda del soldado romano que se encontró con un mendigo cubierto de harapos y tiritando de frío.

Martín, que no tenía dinero para ayudarle, decidió cortar su capa militar por la mitad y darle una mitad al pobre hombre. Sigue la leyenda contando que, aquella noche, Martín tuvo un sueño en el que vio a Cristo vestido con la mitad de la capa que había dado al mendigo. A raíz de esta experiencia, Martín dejó el ejército, se bautizó y dedicó su vida al servicio de los pobres y al cristianismo.

Es una bellísima historia que guarda mucha similitud con la parábola del Buen Samaritano. Ambos relatos hablan de este aspecto profundamente humano y noble de querer ayudar al prójimo, de aliviar su sufrimiento. Creo que todos, seamos cristianos o tengamos otras creencias (no me refiero a religiones), podemos identificarnos con ese llamamiento a prestar ayuda donde se necesita.

 

La humanidad que se despierta en la tragedia

Hace casi un mes ocurrió la enorme tragedia de Valencia, la tremenda riada que se llevó todo por delante, destrozando vidas, pueblos y paisajes. Todos hemos visto las imágenes de la desoladora devastación que no dejó indiferente a nadie… o bien, a muy pocos.

La reacción fue unánime: ¡hay que ayudar!
El pueblo se movilizó en cuestión de horas, intentando mitigar el sufrimiento de las víctimas. ¿Alguien no ha donado? Querer aportar, ya sea ayuda material o presencial —con escobas, palas y cubos, hasta las rodillas en el barro— fue una reacción casi visceral de quienes éramos testigos, aunque desde la distancia.

Gracias a los móviles pudimos ver la cruda realidad de la tragedia y la gran ausencia de asistencia por parte de las vías oficiales.

Todos hemos sido un poco San Martín, cada uno según sus posibilidades. Pocos habrán llegado a dar “la mitad de su capa”, pero no conozco a nadie que no se haya sentido llamado a dar algo.

Y eso, como seres humanos, nos honra.
El mundo está como está, sí, pero sigue habiendo humanidad y compromiso. Y eso conmueve. Quiere decir que no todo es tan malo y horrible como a veces pensamos o leemos.

Sí, el egoísmo y el materialismo han alcanzado proporciones impensables hace unos siglos —curiosamente también en esta época del año muchos se vuelven locos ante el fenómeno materialista del Black Friday—, pero el anhelo de prestar ayuda y aliviar el sufrimiento no se ha extinguido.

 

Los límites del ayudar

Ayudar, sin embargo, no siempre tiene buena prensa.
Conocemos escritos y vídeos que nos advierten de los riesgos de dar por encima de nuestras posibilidades emocionales, físicas y materiales.

Como PAS, hemos aprendido la importancia de poner límites y cuidar nuestras reservas de energía. Nos han avisado de nuestra tendencia a caer en las redes de personas narcisistas o abusadoras de todo tipo.
Conozco bien esos avisos, consejos y banderas rojas.

Pero hay otro aspecto del querer ayudar del que se habla muy poco.

 

Servir: una octava más alta

Si queremos ayudar desde la emoción empática, desde ese sentimiento de identificación con la necesidad o el sufrimiento ajeno, quizás convenga no lanzarse sin más. Poner límites para cuidar el propio espacio físico y emocional es esencial.

Ayudar desde la empatía es importante y nos hace humanos.
Sin embargo, creo que existe una octava mayor, que parte de otro lugar.
Os hablo del profundo deseo de querer estar al servicio del otro ser humano.

Aquí, el motor detrás del deseo de ayudar —la empatía— se transforma en una necesidad de servir desde la compasión, la entrega y la confianza.
Mientras que en el ayudar desde la empatía es necesario implementar herramientas de autocuidado, en el servicio al otro desde la compasión las “pilas” se recargan desde un lugar distinto: un espacio que podríamos llamar la fuerza espiritual.

 

El servicio como expresión de libertad

La acción de San Martín y la del Buen Samaritano nacen del anhelo de servir.
Es un servir desde la libertad y, por ende, incondicional.
Sus historias nos inspiran porque, en el fondo, todos queremos ser así; todos queremos seguir esos grandes ejemplos. Y eso nos honra, aunque solo muy pocos lleguen a ese altruismo verdadero.

Se suele decir que el altruismo no existe porque, al ayudar, siempre recibimos o esperamos algo a cambio. Esto puede variar desde la idea de “si yo ayudo, me ayudarán cuando lo necesite” hasta “ayudar me produce satisfacción, me hace sentir bien”.

 

El verdadero servicio: invisible y luminoso

Hace poco he estado en entornos donde he visto a personas que, aparentemente, están ayudando, pero que en realidad están sirviendo.
Se entregan a las situaciones sin pensar en recompensas ni en ganar puntos para llegar al cielo. Actúan desde la compasión.

Son “invisibles” y se mueven en un segundo plano.
No salen en selfies, no buscan reconocimiento ni agradecimiento y, desde luego, no andan visibilizando lo “buenos” o lo “generosos” que son.

Estas personas también han estado, y siguen estando, en Valencia.
Pueden ser PAS, pueden no serlo.
Pero si tienes la gran suerte de conocer a uno de estos seres luminosos, fíjate bien y aprende de ellos.

 

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Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.

 

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.

 

Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

 

Imagen: JW en Unsplash

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