PAS, Valencia y la saturación
Incluso quienes conocemos bien la alta sensibilidad podemos caer en la saturación emocional. La tragedia de Valencia nos ha tocado el alma a muchos PAS. Este texto es una reflexión sobre la empatía que abruma, la necesidad de parar, y la fuerza de la compasión que se transforma en serenidad y servicio.
A pesar de conocer muy bien el rasgo, a pesar de haber hecho trabajo personal y, también, a pesar de ser muy consciente de las trampas de la alta sensibilidad, llegué a meterme en un bucle de saturación.
De los cuatro pilares que definen nuestro temperamento, la combinación de los dos primeros —la reflexión profunda y la tendencia a la sobresaturación— es quizás el aspecto más difícil a la hora de gestionar bien el hecho de ser una persona altamente sensible.
Montaña rusa de información
Os hablo del desastre, de la tragedia de Valencia.
Y os hablo desde la distancia, ya que, estando en Mallorca y con limitaciones físicas, no me es posible acercarme para ayudar, para estar, para acoger.
Intenté hacerlo desde la lejanía, y empecé a empaparme de noticias, de más noticias, de vídeos, de teorías, de especulaciones, de acusaciones. Necesitaba, de alguna manera, compartir ese dolor tremendo de todos los afectados. Lloraba con ellos, por su sufrimiento…
La montaña rusa cada vez cogía más velocidad y las emociones empezaron a ganarme.
Y eso, estando lejos.
Intentando establecer contacto con “mi gente” de allí, las emociones iban en aumento: la gratitud y la alegría al saber de unos, la preocupación, la inseguridad y la indignación al no tener noticias de otros.
Cada vez me costaba más soltar el teléfono para no perderme los últimos vídeos o comentarios.
La impotencia, la frustración y la rabia se adueñaban de mí.
Al imaginarme todo lo que estaba pasando “por allí”, me movía entre la desesperación por las víctimas y la gratitud hacia los miles que se movilizaban para ayudar, limpiar y organizar la logística de las donaciones que llegaban desde todas partes.
Era esa sensación de lo más oscuro por un lado y lo más luminoso por otro.
Cuando la empatía se convierte en saturación
Os cuento todo esto porque sé que no soy la única que ha pasado por algo así.
Me convertí en una yonqui de las noticias, consumiendo casi sin parar.
Y, claro, llegué a saturarme.
Lo sabía y era semi-consciente de ello, pero aun así seguía.
Necesitaba enterarme de más, empaparme sobre todo de imágenes de gente ayudando, de esas personas nobles y de buen corazón que se entregaban a aliviar el sufrimiento.
Me costaba apagar el móvil por la noche, y por las mañanas tenía que obligarme a mantener mis prácticas de meditación antes de encenderlo.
Y meditar sabiendo que me esperaban nuevas noticias… no era nada fácil.
Es increíble el poder de la adicción a la información y la fuerza de los síntomas de abstinencia.
En cuestión de días, estaba atrapada.
Posiblemente hubiera seguido así —totalmente saturada, sin fuerzas para parar— si no me hubiera pasado algo totalmente ajeno al drama de Valencia: hice un parón en seco cuando, en un paso de cebra, casi atropello a un ciclista que no entiendo de dónde salió ni por qué no lo vi.
El susto funcionó como un sacudón.
Me permitió ver mi estado emocional: no estaba en un lugar sano y necesitaba tomar distancia.
Tenía que reencontrarme con la serenidad, con la calma interior.
Cuando uno está en el bucle de la saturación —por información y por emociones— la intuición se nubla, y el estrés genera más malestar anímico que el sufrimiento ajeno.
Por mucho que queramos ayudar, si estamos mal e indignados, no aportamos nada.
Ser consciente de los juegos manipulativos, de las mentiras o de los abusos tampoco alivia a nadie.
Recuperar la calma y el discernimiento
Conseguí parar el bucle y salir de él.
La ansiedad por consumir noticias fue bajando hasta el punto de no necesitar más información.
Mi mente dejó de correr sin dirección.
Ahora procuro quedarme con los hechos visibles —desde mi posición fuera de la zona afectada— y no perderme en especulaciones o acusaciones sin pruebas.
Claro que me importa saber qué ha pasado y si hay culpables —que los hay—, pero eso no ayuda a las víctimas.
Intento quedarme en el sufrimiento y la compasión, en las increíbles muestras de solidaridad y fraternidad.
La bondad humana se ha manifestado como pocas veces antes, y el lado luminoso de miles de personas ha echado pura luz sobre las imágenes desoladoras de color fango.
Nadie nos puede devolver a los muertos o desaparecidos, pero sí podemos rezar por ellos, añadir esperanza y calor anímico a la luz creada por el ejército de voluntarios de buena voluntad que, a pesar de las mentiras, los obstáculos y el odio, no se rindieron.
Dieron su amor, su fuerza vital, su dinero y su tiempo a quienes necesitaban, necesitan y necesitarán nuestra ayuda y apoyo.
Duelo individual y colectivo
Los afectados tendrán que pasar por un largo proceso de duelo.
Y me atrevo a decir que, como nación, nos toca también un tiempo de duelo: pérdidas de seres queridos, de posesiones, de creencias e ilusiones, incluso de la fe en los líderes y en la política.
Todo esto tendremos que soltar.
Seguramente conocéis el maravilloso trabajo de Elisabeth Kübler-Ross, quien nos habla de las cinco fases del duelo que una persona atraviesa al enfrentar una pérdida significativa —como la muerte de un ser querido, una enfermedad terminal o cualquier otra pérdida importante—:
- Negación: resistencia a aceptar la realidad de la pérdida. Actúa como defensa para amortiguar el impacto y protegerse del dolor.
- Rabia: cuando se asimila la realidad, aparece la ira o frustración. En el caso de Valencia, esta puede dirigirse hacia las instituciones, la política o el sistema.
- Negociación: intento de revertir o minimizar la pérdida. Pensamientos como “si hubiera hecho esto…” son comunes.
- Depresión: surge al afrontar la magnitud de la pérdida. Es una tristeza profunda, una reacción natural ante el dolor, no una enfermedad.
- Aceptación: se empieza a encontrar paz. No significa estar “bien”, sino poder seguir adelante con serenidad.
El orden de las fases puede variar y coexistir.
Y las PAS solemos vivir el duelo de manera más intensa que otras personas.
Si quieres saber más sobre cómo gestionamos las pérdidas, te recomiendo leer los artículos anteriores en los que hablo de ello con más profundidad.
Un abrazo sostenido
Os mando un cálido abrazo sostenido:
a todos los que estáis sufriendo pérdidas de seres queridos,
a quienes tenéis que lidiar con pérdidas materiales,
a los que todavía estáis en shock,
a los que habéis acudido para ayudar y arrimar hombros,
y a todos los que sois conscientes de la envergadura enorme y profunda de esta tragedia que ha tenido lugar en una de las zonas más bellas de nuestro querido país.
Artículos relacionados
- Ser altamente sensible y pasar por un duelo
- Ser PAS e incorporar un duelo (herramienta de trabajo)
- Alta sensibilidad y empatía
- Los cuatro pilares de la alta sensibilidad
- Ser PAS en los tiempos actuales
- Libro Elizabeth Kübler-Ross: La Rueda de la Vida
Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.
Otra cosita: Acabo de reactivar mi canal de YouTube; estaba un poquito olvidado. He añadido varios vídeos nuevos. Si te gustan, por favor, pon un like y suscríbete.

Cada recuerdo guarda una enseñanza.
En mi nuevo libro, Tu historia de vida, te acompaño a mirar tu pasado con ternura, a ordenar tus emociones y a encontrar el hilo invisible que une tus experiencias con tu crecimiento.
Nada en tu camino fue casualidad: todo te trajo hasta aquí.
Imagen: Dewang Gupta.
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Joan Monse
Karina, este escrito es, de nuevo, un auténtico regalo con el que, en mayor o menor medida, haces que nos veamos reflejadas las PAS, tomemos conciencia de nuestro especial rasgo, y sigamos en el camino de aprender a gestionarlo.
MUCHÍSIMAS gracias por ello.
Por SER y ESTAR.
Karina Zegers de Beijl
Gracias, Monse, por tu feedback. Un gran abrazo.