Ser PAS y sentirse responsable, ¿hasta qué punto?
Me puedo equivocar, pero creo que casi todas las personas con el rasgo de la alta sensibilidad han pasado por esa fase en la que se sentían responsables de todo, de todos y de todas. También es posible que todavía te encuentres en esa fase, algo que no me extrañaría, ya que personalmente esa actitud dominó más de la mitad de mi vida. Te cuento…
Cargar con el mundo sobre los hombros
Me solía sentir responsable del bienestar de mis padres, de mis parejas, de mis vecinos, de mis amigos… y del mundo en general. Por supuesto, me sentía responsable del bienestar de mis hijos, y reconozco que ahí sigo “pecando” un poco de vez en cuando.
El hecho es que, más que mirar por mis propias necesidades, atendía lo que yo pensaba (o intuía) que eran las necesidades ajenas. Y, sin verificarlo, me apresuraba a hacer lo que podía para llenar un hueco emocional o físico que percibía, saltándome preguntas tan sencillas como: ¿necesitas algo? o ¿te puedo echar una mano?.
Con ello aportaba la solución yo misma y les quitaba a los demás la oportunidad de crecer y madurar. En el fondo, lo que estaba haciendo era satisfacer mi propia necesidad de evitar la culpa o, dicho de otra manera, sentirme útil y valorada. Eso, bajo la “salsa dorada” de querer hacerme responsable de todo, menos de mí misma y de mis propias carencias.
Del sacrificio al otro extremo
Cuando finalmente me di cuenta de que esa actitud estaba muy ligada a mi falta de autoestima y a que no me valoraba demasiado –aparte de que no era mi tarea resolverle la vida a nadie–, me pasé al otro extremo.
De repente empecé a colocar toda la culpa del malestar ajeno fuera de mí. Donde antes cargaba con la responsabilidad de todo el dolor del mundo, ahora la rechazaba por completo.
Ejemplos:
- Si alguien se molestaba porque dedicaba mucho tiempo a mi trabajo, le decía que su queja tenía que ver con su carencia de atención, no conmigo.
- Si alguien se ofendía por mi opinión, respondía casi con soberbia: “Si no te gusta, te puedes ir”.
De ser sufrida pasé a un egoísmo frío y feroz, con una actitud muy poco participativa. Hasta que, afortunadamente, se me cayó la ficha y entendí con claridad –y cierta vergüenza– que no soy el ombligo del mundo. O mejor dicho: que sin cuerpo tampoco hay ombligo.
El cuerpo como metáfora
Cada parte de un cuerpo, de un organismo, tiene una función. Y el cuerpo solo es “cuerpo” cuando todos los órganos trabajan en unísono. Cada elemento tiene su tarea, pero esa tarea se realiza para apoyar a los otros elementos, de modo que el conjunto pueda funcionar.
Es verdad: tengo que ocuparme de mi trabajo, de mis tareas, de lo que me toca. Pero cualquier cosa que hago, o la manera en que lo hago, repercute en mi entorno inmediato y más allá. Yo soy yo, pero también soy en función de algo mayor. Con mis acciones contribuyo a que ese “algo mayor” pueda funcionar, al mismo tiempo que es ese algo mayor lo que da sentido a mi propio funcionar.
Reconocer sin cargar
¿Qué significa esto en concreto?
Si a mi pareja le produce malestar que yo trabaje más de lo que a él le gustaría, ese malestar vive en él y tiene que ver con su historia, con lo que la vida le ha enseñado sobre lo que le hace sentir bien o mal.
Si yo necesito trabajar cierta cantidad de horas porque eso me da satisfacción, eso tiene que ver conmigo.
Pero somos pareja, y hemos decidido querer serlo. No puedo invalidar sus emociones ni él las mías.
¿Sería posible reconocer las emociones o necesidades ajenas sin sentirnos responsables de ellas? ¿Tenerlas en cuenta amorosamente sin anular las nuestras propias? Yo creo que sí.
Del deber al respeto
Así llegamos a un punto medio: la consciencia de que, para que el cuerpo (la relación) funcione, cada órgano debe ocuparse de su propia tarea de manera que cuide de sí mismo, pero también contribuya al buen funcionamiento de los demás.
La responsabilidad entonces se transforma en respeto. Y el respeto, a su vez, se convierte en libertad.
Cuando ayudo desde ese lugar, lo hago porque quiero, no porque lo necesito. No busco evitar la culpa ni obtener reconocimiento. Y como no espero nada a cambio, tampoco me siento defraudada si la otra persona no responde como yo esperaba.
Ahorrarnos dolor innecesario
Nos ahorraríamos mucho dolor si aprendiéramos a ver dónde empieza y dónde acaba nuestra responsabilidad, y dónde empieza el respeto.
No eres responsable de todo el malestar del mundo, por mucho que te afecte. Hay cosas que no podrás arreglar tú. Y, a veces, conviene dejar que otros también pongan de su parte.
Si quieres ayudar, pregunta primero: ¿necesitas ayuda? ¿de qué manera? Y observa siempre tus límites y también los de la otra persona.
Tampoco es cierto que cada queja o comentario desagradable “no tenga que ver conmigo”. Quizá convenga preguntarse si hemos dicho o hecho algo que provocó esa reacción. No es todo blanco o negro.
En principio no existen personas “tóxicas”: existen interacciones que despiertan heridas. Y esas interacciones pueden convertirse en regalos para nuestro autoconocimiento.
El punto medio: co-responsabilidad
La paz y la serenidad se encuentran en ese punto medio: ni cargando con todo, ni negando cualquier responsabilidad.
Somos co-responsables siempre, aunque no sea obvio. Por ser quienes somos, por decir lo que decimos, por actuar como actuamos, estamos inevitablemente vinculados a nuestro entorno. Somos como la gota de agua que forma parte del mar.
Y en cuanto a nuestro rasgo, siempre lo digo: si somos más sensibles que la media, nuestro deber no es culpar al mundo por no ser como nosotros, sino responsabilizarnos de nuestras reacciones.
En lugar de quejarnos, trabajémonos. Preguntémonos: ¿qué hago para entender al otro que no es como yo? ¿qué hago para aportar un poco de sensibilidad al mundo?
La clave está en la compasión y en la empatía: salir de nuestro pequeño “yo” herido para colocarnos en la perspectiva del bien mayor y dejarnos inspirar por ella. La co-responsabilidad y el respeto son el primer escalón hacia ese punto.
Para seguir profundizando en el rasgo
Si quieres saber más sobre el rasgo y sus características –las que realmente son inherentes a nuestra forma de ser–, así como sobre cómo encauzar las posibles dificultades, te recomiendo mi libro Personas Altamente Sensibles, un longseller (ya en su 11.ª edición), publicado por La Esfera de los Libros y prologado con la recomendación de la propia Dra. Elaine Aron.
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imagen: Dattatreya Patra on Unsplash
12 Comments
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Patty Gallo
Sí, sí, asumo más responsabilidad de la que me corresponde. Pareciera que el tener conciencia de las cosas que ocurren a mi alrededor me hace responsable de resolverlas. Eso agota demasiado porque nadie puede llevar el mundo a cuestas. Tiene que ver también con la humildad, que como dices, es el saberse parte de un todo y no el centro y menos, creerse el único.
Ayudar en la medida en la que se pueda. Aportar la visión que tenemos – a veces más clara de la del resto- pero sin pretender ser la solucionadora de los problemas de todo el mundo.
Karina Zegers de Beijl
Hola Patty. Sí, so es, ayudar, pero sin pretender ser la solucionadora de todos. Quizás añadiría: ayudar desde la libertad, libre de expectativas. Un abrazo.
Pili
Pero eso de diagnostica? Oficialmente está reconocido? Si que se pasa mal, sientes que todo lo que ocurre está en tu mano, incluso que tienes la oportunidad de cambiarlo, hasta que aprendes a entender tu capacidad y usarla de forma constructiva, si que se complica la vida si.. pero yo diría que cada vez la gente es más sensible, cada vez hay más PAS, y menos mal, mas información al respecto. Gracias por la labor
Karina Zegers de Beijl
Hola Pili, Gracias por tu pregunta. No, esto no se suele diagnosticar porque es muy normal y frecuente – una de cada cinco personas nacen con el rasgo. No se diagnostica ni se medica. La persona se reconoce en el perfil, o no. Hay mucha investigación fiable. Si hablas inglés puedes encontrarla en la web de la Dra Elaine Aron (hsperson.com) o en la web del Dr Michael Pluess (sensitivityreseach.com) En sí no es un problema, es autoregulable, pero como nos estresamos con facilidad por recibir un exceso de información a la vez, conviene aplicar las reglas del autocuidado (los puedes encontrar en el blog). Un abrazo.
Olga Magali Figueroa gatica
Gracias por estar, he sido diagnosticada como PAS hace cuatro días ha sido un alivio saberlo y saber que uds también lo son
Karina Zegers de Beijl
Hola Olga, bienvenida al club 🙂 ¿Sabes? En realidad no se ‘diagnostica’ un rasgo, simplemente por ser algo muy común… En nuestro caso podemos decir que una de cada cinco personas en una PAS, una Persona con Alta Sensibilidad. Generalmente es suficiente reconocerse en las características, pero, claro… para hacer esto tienes que saber que el rasgo existe y qué es lo que implica. Te deseo un buen viaje de (auto)descubrimiento y trabajo interior. Vale la pena, ¡y mucho! Un abrazo.
Marta
Muchísimas gracias Karina por este post.
Justo me veo inmersa en este aprendizaje de comprender hasta donde llega mi responsabilidad con los otros.
Muchas veces por sobreempatizar nos perdemos en el otro y yo también me pasé al extremo de «No es mi problema».
Como bien dices, el mayor aprendizaje es reconocer las emociones o necesidades ajenas sin sentirnos responsables por ellas…. que difícil pero que sanador.
Muchísimas gracias!
Karina Zegers de Beijl
Gracias, Marta, por tu feedback. Un abrazo.
Hugo
Yo soy PAS desde q nací. Creo q lo he heredado de mi madre aunque nunca la he visto llorar.
La vida se me ha echo muy difícil hasta acabar en una institución mental. Lidio como se y puedo las situaciones aunque a veces terminó extenuado. Q me puedes recomendar ¿
Karina Zegers de Beijl
Hola, gracias por tu comment. El rasgo de la alta sensibilidad es un rasgo genético, o sea, sí, es correcto lo que dices, que hayas nacido con él (En caso contrario no serías una PAS). Y no todas las PAS lloran, especialmente si SU infancia les ha enseñado que no es una buena estrategia, por lo cual es posible que la persona desarrolle una coraza.
Por otro lado, lamento mucho lo que dices, la manera en que el rasgo te ha pasado factura. Debe ser muy duro acabar en un lugar de este tipo. Lo que te aconsejo es buscar ayuda profesional de un terapeuta que no solamente sea PAS, pero quien valora el rasgo como algo positivo. Podrías mirar en la web de nuestra asociación -www.asociacionpas.org- en la pestaña de profesionales asociados. Todos son PAS, todos han pasado por nuestra evaluación y la gran parte de ellos trabaja on line. También te aconsejo profundizar en el rasgo (este blog, libros disponibles en castellano, youtube, etc…) para llegar a un mayor nivel de autoentendimiento, autoconocimiento y autocompasión. Te mando un abrazo.
Francesc
Cómo nos vamos conociendo con el paso de los años! de joven pensaba que mi actitud de «pasotismo» era la solución, pero era una defensa contra la incapacidad de lidiar con los problemas/responsabilidades. De adulto me lancé de cabeza hasta que tuve incluso problemas de ansiedad de ver como no podia solucionar todo. Ahora ya en mi madurez tengo los conceptos de equilibrio, capacidades propias, escala de importancia y consecuencias de las acciones bastante claras en mi dia a dia
Por cierto, 100% de acuerdo con lo de que en principio no existe la gente «tóxica» es una generalización bastante frecuente que juzga a las personas por actos puntuales, y a veces puede ser que sólo sea alguien con problemas. Por desgracia, para detectar a alguien tóxico, o tienes una intuición casi sobrenatural, o tienes que analizar los actos e ideas de un persona a lo largo de un cierto periodo de tiempo.
Karina Zegers de Beijl
Gracias por tu feedback.